Llamas...
Fuego...
Sangre...
El sonido de las sirenas...
¡Jeremy! ¡Jeremy!
Despierto empapada de sudor. Uf, otra pesadilla, ¿hasta cuándo? mi corazón está demasiado acelerado y mi respiración fuera de si. Trato de cerrar los ojos y pensar en cosas lindas para calmarme, eso funciona siempre.
Cuando mi ritmo cardíaco se regula observo a mi alrededor la habitación en la cual estoy ocupando. Una alegría sale de lo más profundo de mi estómago hasta llenar mi pobre corazoncito. ¡Estoy donde Gwen! sonrio, no estoy loca...
Maldita Gigi, siempre decía que Gwen no existía. Quisiera presentarla ahora y restregarle en la cara a la supuesta fantasía que la impulsaba a mandarme al psiquiatra a cada minuto.
Suspiro, miro el reloj de pared que está cerca de la puerta y sonrío. Son las 6 en punto, siempre a la misma hora, es como si mi cerebro estuviera programado para levantarse a esa hora, a partir de allí se me quita el sueño.
Pongo mis dedos en el pies, está frío. El apartamento es helado. Sin embargo, prosigo a hacer un recorrido, así que abro la puerta e inicio mi caminata por el pasillo que me lleva al cuarto donde me he quedado. Cierro la puerta con muchísimo cuidado, no quiero despertar a Gwen. Ese pasillo de paredes blancas me lleva a la sala con muebles lujosos, una mesa en el centro con flores marchitas que deben de tener días allí. Me acerco a oler el agua y casi me vómito cuando ya está podrida. Observo el televisor, las paredes de un verde manzana con blanco, tonos claros.
Toco la pared con mucho cuidado y hago una hipótesis de la personalidad de Gwen, de seguro, es amante a la naturaleza, se cuida la salud (por eso está tan delgada) y nunca pierde la esperanza, ah, claro, es cristiana, una devota del señor. Había leído hace mucho en un versículo el cual no recordaba los números pero si la frase: Permanece la fe la esperanza y el amor, el mayor de esto, es el amor. Ese pasaje bíblico representa a Gwen.
Blanco... representa su ¿inocencia? seguí curioseando, me extrañaba que Gwen no tuviera ni una sola foto de ella, o de sus padres adoptivos, ¿por qué?
Hice una nota mental: averiguar.
Continué mi rumbo directo a la cocina, que tenía un lindo arco. Cajones, la heladera, cocina con horno. Abro los cajones y veo copas, vinos, comida, una gran cantidad de yogurt y helado... es impresionante. Cereal, huevos, pollo, carne. Lo veo todo, hasta lo más mínimo. Está todo desordenado, sucio. Gwen no es muy del aseo al parecer. Salgo de la cocina y me embuto en el baño que queda en un extremo.
Entro, es bonito, blanco con baldosas marrones. Abro la puerta corrediza y huelo el champú, es exquisito. Hago lo mismo con el jabón, es caro. No hay mucho que ver por lo tanto, me condeno a una puerta del fondo que me llama la atención, camino despacio, curiosa, giro el pomo y está cerrada con llave. ¿Que habrá allí?
Vuelvo a mover el pomo y nada. Lo dejo y sigo un pasillo corto con dos alcobas. Entro a una; está todo en pintura, lo preparan para algo o alguien, tengo curiosidad, pero el color amarillo no me da nada de quién puede habitar en este cuarto.
Salgo, voy por la última parte de la casa que quiero explorar. Giro el pomo con cuidado, sorpresa, está cerrado con llave.
Retrocedo... Hay dos habitaciones que están bajo llaves, una es donde duerme Gwen.
Suspiro enfadada. La muy perra duerme con el cerrojo.
Trato de calmarme, soy una desconocida para ella, debo entenderla, comprenderla.
Tragó saliva.
Miro atrás la claridad del pasillo y entonces, activo el plan: mano a la obra.
Me recojo el pelo en una coleta alta y busco en el pasillo donde está la habitación que ocupé la puerta donde hay una terraza, allí encuentro los instrumentos necesarios para ejercer el plan.
Comienzo por la sala: barro, trapeo, quito polvo. Enseguida, la cocina, el baño y las habitaciones que no están cerradas. Estoy tan experta en limpieza que al mirar el reloj solo ha pasado hora y media, tiempo suficiente para ducharme. Lo hago, dejo el agua correr por mi cuerpo, uso el champú y me lavo los dientes. Salgo desnuda con el trapero en mano, limpiando los pozos de agua que dejan un camino hasta la habitación que me espera. Rebusco en el escritorio, espero encontrar algo de ropa, no quiero volver a colocarme los mismos harapos llenos de tierra que traía antes. Me duelen las heridas un poco, más bien arden con el contacto del agua, sin embargo, las ignoro y entro a una búsqueda sin resultado, al final logro encontrar un pantalón ancho con una camiseta verde. Uso la ropa, parece estar diseñada a mi medida, a mi cuerpo.
Me conduje al baño y me peino, casi no lo hago, pero está vez me dió por hacerlo. Mis rizos rubios quedan en una coleta alta con mechones rebeldes que sobresalen. Me toco el rostro y me veo un poco pálida hubiese deseado, base, corrector de ojeras y polvo para cubrir las imperfecciones de esas ojeras bajo mis grandes ojos azules. Esa nariz ancha que no me gusta y esos labios hinchados arriba y finos abajo. Soy tan corriente, tan común que odio mi imagen en ese espejo, en cambio, Gwen es una diosa, es hermosa. Ese pelo n***o lacio, esas cejas perfectas, la nariz perfilada, esos labios de corazón que me gustaría tener. Estoy segura que cualquier hombre se volvería loco por tocar esos labios.
Cierro mis ojos, me quito de inmediato del espejo. Me odio. Odio mi cuerpo, mi nariz, mis labios... uuff.
Salgo del baño y me voy directo a la cocina. Cuando me siento mal, hago lo que mejor se hacer: cocinar.
Hago huevos revueltos con salchicha picada en círculo y tocineta. Jugo de naranja, pan con mermelada de fresa. Quiero que Gwen se levante y me diga: has hecho todo genial, está todo rico, gracias por cocinar para mí.
Sirvo todo en el plato blanco con sumo cuidado. Los huevos revueltos los dejo a un lado y el pan al otro extremo, no quiero que nada salga de lugar si no que todo quede perfecto. No hay mejor apetito que ver un plato estético y apetitoso a la vista, todo el mundo come con los ojos primero, inclusive yo.
El jugo de naranja lo dejo a un lado y pego un respingo al alzar la mirada y fijarme que Gwen está boquiabierta mirando todo.
—Eh, ¡Buenos días!—le doy una sonrisa amable.
Sigue impactada, mirando a su alrededor.
—Eh, tú... ¿has limpiado?—la expresión del rostro cambia, y me preocupa que no le haya gustado lo que hice.
Perra malagradecida.
Formo puños.
—Si, pensé que te gustaría...
—Ah, si, si. Me gusta, pero me siento apenada, no es tu responsabilidad...
—Esta bien, tú me recibiste en tu casa por lo mínimo es mi forma de agradecerte.
Se me queda mirando con algo en los ojos que no logro descifrar, me inquieta no saber.
—Yo fui la que te atropello.
—Y me trajiste a tú casa, me limpiaste las heridas y me ofreciste hospitalidad. Eres el ser más amable que conozco, gracias por ser mi buena samaritana.
Sonríe, tiene una pijama de Mickey Mouse de color rojo.
Sacude la cabeza de un lado a otro.
—¡Gracias!
—Preparé el desayuno—digo, mi sonrisa sigue firme, mis ojos de seguro están de un azul brillante, me siento contenta porque tengo su aprobación.
—Dios... no debiste...—se acerca a la encimera, toma una silla y ve el plato—. Se ve todo muy rico, gracias. Tengo mucha hambre—sonrio.
—¿Comes mucho?
Ella ahora se ríe.
—A la verdad no, siempre desayuno lo mismo: cereal con yogurt
Lo suponía por la cantidad de yogurt en la heladera.
—Oh, yo... preparé.
—No... se me antojo comer huevos revueltos y se me hace agua la boca al verlos tan cuidadosamente preparados—se lleva un pedazo de huevo a la boca—. Mmmm, está muy rico.
Sonrio, sé que quedaron ricos porque lo hice con amor, esfuerzo, dedicación.
—Gracias por limpiar la casa—me dice con la boca llena. Me pareció un poco maleducado más me guardo todo comentario—. Gabriel y yo estamos pensando en buscar a alguien que nos ayude en la casa, ya sabes, como lo que hiciste hoy: limpiar, trapear. Quizás, si quieres, puedes trabajar aquí.
Mis ojos se abren de par en par.
—Pero, primero debo consultarlo con él.
—¿Gabriel?—el nombre me salió tan rápido que no pude ni procesarlo.
—Mi esposo...
—¿Estás casada?
—Recien casados. Llevamos 7 meses viviendo juntos.
Sonrío de medio lado.
—Guao... y... ¿lo amas?—despues de preguntar, me arrepentí de haberlo hecho, tan corriente y imprudente fue el preguntar algo tan íntimo.
—Lo amo con todo mi corazón, es mi alma gemela, mi mitad, mi media naranja, mi todo.
—¿Cómo se conocieron?
Gwen se lleva otro bocado de huevo a la boca y da un sorbo al jugo.
—Por medio de la iglesia. Él es hijo del líder y mis padres constantemente asistían a la iglesia, pues, allí nos conocimos, nos enamoramos y nos casamos.
—Suena de cuento.
Gwen se ríe.
—No es gran cosa.
Su sonrisa permanece aunque su mirada está puesta en el plato, se come lo último del huevo y se queda quieta, mirándome, sin decir nada.
—¿Sucede algo?—pregunto.
Se alza del asiento de un salto. La veo palidecer. Sale corriendo directo al baño que queda cerca de la cocina y se encierra.
Quedo confundida, no sé que está sucediendo. Me asomo al asiento que estaba antes y veo una mancha de sangre. Mi vista se pasea entre la sangre y el baño.
Decido ir al baño y le toco la puerta.
—Gwen... ¿estás bien?
Nada.
Toco con frenesí, me preocupa la sangre.
—¡Gwen!
—¡Nooo!—grita del otro lado.
Giro el pomo, está con cerrojo.
Toco con más fuerza.
—Gwen, déjame entrar—giro el pomo con brusquedad.
—Noooo, nooo puedes estar pasando, nooo por favor, otra vez no. Dios, otra vez no.
—Gwen... ¿que pasa?
—Dios, no... otra vez, no.
Sigo tocando.
—Dejame ayudarte si estás herida.
—Llama a emergencias.
Me paralizo, ¿que se supone que debo hacer?
*****
Otro capítulo mís amores, dejen sus comentarios.