Cuando la película terminó, Gwen recogió los platos lanzandolos al lavadero. A decir verdad, la casa estaba un poco desordenada. Habían abrigos en los muebles, platos sucios, zapatos en el suelo tanto de ella como los de un hombre. ¿Su marido? ¿su hermano?
—Gracias por su hospitalidad, señora...
—Nada de señora, solo Gwen—sonrió—. Ven y te muestro la alcoba—la sigo en un pasillo pequeño sin cuadros, sin retratos. Solo una pintura pulcra de blanco. Allí había una puerta y al abrirla observé una cama con un escritorio a su lado.
—Puedes quedarte a dormir aquí. Te traeré sábanas y unas cobijas.
Gwen sale del pasillo mientras tanto yo ingreso a la alcoba con pasos lentos. Paso un dedo por el escritorio y el polvo es evidente cuando coloco el dedo de cerca para contemplarlo.
Me dejo caer con los brazos abiertos en el colchón en una risa.
—Por fin te he encontrado, Gwen.
Me regocijo estar en un lugar confortable, desordenado pero hermoso. Eso no sera problema, desde ahora pondré orden a todo, especialmente, a la vida a Gwen.
—Aqui tengo sábanas limpias
De un solo salto me siento, sin perder la sonrisa del rostro. Le recibo las sábanas. Son rojas, y me encanta, es uno de mis colores favoritos porque representa: el amor, la pasión, las fresas, la manzana, la sangre.
—Gracias por todo, Dios te bendiga—esa última frase la deja con una sonrisa de boca cerrada en los labios, y entendí que a una cristiana como Gwen la hospitalidad es los suyo.
Entonces, supe que el inicio de todo se resumía en conocer sus costumbres, su cultura y la biblia. Al fin y al cabo, los cristianos se rigen por la biblia y por eso dios me llevo a ella.
Se despide con un gesto de mano y se marcha, entonces, tiendo la cama y me acuesto en ella pensando en todo.
Pensando en Gwen.
Pensando en Gigi.
Pensando en Leviatán.
Sobre todo, en esa sombra que está a cada instante en mi cabeza como un mal que se extiende desde la mente hasta el corazón.
Leviatán...
Cierro los ojos y revivo ese día.
Sus ojos azules, su capucha, sus manos tocandome el mentón, su polla. En como me lo lleve a la boca hasta que se corrió allí.
Me excita pensar en ese placer involuntario.
En ese placer en el que fue testigo la lluvia y los truenos.
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Aquí les dejo otro capítulo. Déjenme sus comentarios .