Capítulo 3: Gwen ✓

1823 Words
Capítulo 3 Gwen No hay mayor deseo como el de ser notado>> Willow: El propósito de haberme encontrado con Gwen fue que saliera de la zona de confort. Era necesario que Mark me echara de la casa para así poder explorar otros lados y descubrir a Gwen. Ahora, estoy donde tengo que estar, en el lugar correcto y no pienso ni por los miles de soles marcharme de aquí. El doctor me examina. Es joven, guapo, de una piel blanca, ojos pequeños y nariz grande. Ojea todo de mí, los raspones en las manos y piernas hasta que se asegura de que mis costillas o alguna parte de mi cuerpo no esté rota. Miro a Gwen, se come las uñas, es un hábito horrible, sin embargo, no digo nada, solo la escudriño de pie con esos zapatos de tacón y las uñas arruinadas. —¿Está bien?—pregunta, nerviosa. El doctor la ve, cerrando su maletín. —Es todo...—se entrecierran sus ojos como si rebuscara en su mente mi nombre, la cuestión es que no se lo he dicho porque simplemente no me lo ha preguntado—. Estás muy bien... —Willow...—respondo por él. —Willow. Mmmm. bonito nombre. Le sonrio apenada. Se alza dirigiéndose hacia Gwen que pasea la mirada entre ambos. —¿Y? —Está bien, perfecta. A salvo de los raspones de las piernas y brazos. Nada de otro mundo. La veo de soslayo respirar aliviada. El hombre le sonríe con ternura, con demasiada diría yo. —¿Tú cómo estás? —¿Yo?... bien. —Y el bebé... Aparto la mirada. Siento el peso de sus ojos cafés sobre mí. —Bien... El doctor se aparta y suspira sin desviar la mirada de Gwen, yo tampoco lo hago porque es jodidamente hermosa, llamativa y tengo la sospecha de que al doctor le gusta. —Bueno, que estés bien, saludos a Gabriel—asiente. Él se despide con un beso afincado en su mejilla y lo veo salir por la puerta. Cuando Gwen se asegura que hemos quedado a solas, suspira aliviada. Alza la vista y me mira, hasta que finalmente se acerca. —Que mal educada soy. ¿Quieres agua, café, té, vino, whisky, chocolate? lo que quieras. No me decido, titubeo, la panza me está rugiendo con fuerza, al final, no pude comer pizza por culpa del desgraciado de Mark. —Agua estaría bien. Se conduce a la heladera y en una jarra de vidrio me sirve agua. Se acerca taconeando y me la da. La recibo temblando, a decir verdad, no se porque lo hago, solo sé que estoy nerviosa. La bebo poco a poco sin perder de vista a Gwen que busca una silla y se sitúa frente a mí. —De verdad lo lamento mucho. Yo... no te ví. —Me duele—digo, mostrandole los raspones de mis manos y piernas. Los ojos amables me miran con la boca abierta, una mezcla de remordimiento cruza por su rostro. —Me siento tan culpable, tan mal—dice, suspirando. Claro, tienes que sentirte así, me atropellaste. —Quiero recompensarlo—suelta—. ¿Que quieres? ¿dinero?—la veo levantarse y correr hasta perderse en los pasillos, enseguida, regresa con algo en la mano, a los pocos segundos me doy cuenta que es un cheque. Me siento ofendida, después de que me atropelló, ahora me desecha. Todos me desechan como basura. ¿Que le pasa a la gente? ¿dónde está la amabilidad, la bondad? Enarcó una ceja ofendida. —Despues que me atropellaste y te aseguraste de que estoy bien. ¿Me desechas? Gwen me mira descolocada. La quijada casi se le cae al suelo. —Oh, no. No he querido darte esa impresión. Lo siento mucho. —Es lo que me está mostrando al darme un cheque cuando sigo con raspones en mis piernas y manos. Sigue mirándome, ahora, con la boca cerrada. Parpadea desconcertada. —Okey, lo siento. Todo esto es mi culpa, debo estar más pendiente en conducir. No debí...—agacha la mirada avergonzada—. No debí hablar por teléfono mientras conducía. Lo siento. Enserio, lo que pidas aceptaré. Quiero recompensarte y restituir este daño. Sus ojos eran honestos, pude ver a través de ellos ese arrepentimiento genuino y la culpabilidad acusadora de la conciencia. Suspiro melancólica. —¿Quieres llamar a alguien, un familiar, amigo? Vuelvo a suspirar. Niego con la cabeza. —No tengo a nadie. Gwen me mira con suma atención, como si tuviera enfrente al mismísimo Dios. Me agrada su atención, que me note. —¿Cómo que no tienes a nadie?—consulta, intrigada. Mis ojos se humedecen y estoy segura que se tornan más azules de lo que es. Cuando a mis pupilas se le acumulan el agua, se denota un color más claro igual al mar. Gigi decía que me parecía al jodido gato con botas y fue unos días después que ví la película de shrek segundo y me rei a carcajadas con la escena, podía verme reflejada en el animal. —No recuerdo a mis padres adoptivos. La veo estremecerse, no parpadea, su espalda se irguió de inmediato. Continúo: —No tengo amigos, ni ningún otro pariente. Gwen me estudia con suma atención. —¡Eres una niña! ¿cómo llegaste aquí? Las lágrimas se desbordan al igual que un río que ha llegado a su tope. —Yo... fui encontrada en la calle—todo lo digo atropelladamente, con las lágrimas a flor de piel—. Alguien me ayudó solo por unos días, y desde allí, he estado sin rumbo fijo—caigo en un llanto desgarrador—. No recuerdo a mi familia adoptiva, no sé dónde están y porque me dejaron—sigo llorando a moco suelto, sin consuelo alguno. Gwen tiene las cejas curveadas, me toma de la mano como señal de apoyo mordiéndose los labios. —¿Tienes donde quedarte está noche?—pregunta, niego con la cabeza envuelta en ese llanto que me sale del fondo del estómago. —Dios... lo lamento tanto por todo lo que tuviste que pasar. Yo... yo—se muerde la lengua, sin embargo, finalmente, lo dice:—, soy también adoptada. La miro en lágrimas, sé que me está consolando o haciéndome sentir mejor. —Mis padres me abandonaron en el olfanato de Priscott—suspira, mirando al suelo. —Yo también estuve en el orfanato de Priscott—respondo. —¿Enserio?—dice, dudosa. —Si. Crecí allí hasta que me adoptaron. —Igual yo—comenta Gwen, con evidente asombro—. Tuve la suerte de ser adoptada por una familia cristiana. Han Sido una bendición a mi vida, y lo mejor que me ha podido pasar. Resoplé, Gwen es todo lo que me imaginé... Lo amable, lo blanco, lo bueno, lo puro. Ella no se acuerda, pero yo sí recuerdo que ella fue una de las niñas que me ayudó, era más grande que yo, y me protegía, siempre sonreía en medio de la desgracia de estar en un orfanato. Ya, recuerdo con totalidad. De allí viene el nombre de Gwen, de cuando la ví que la adoptaron y se la llevaron, una parte de ella permaneció conmigo hasta hoy. Agaché la mirada melancólica. —¡Descuida! te ayudaré a ubicar a tu familia. La miro con sorpresa, ella sonríe y la imagen de una Gwen adolescente me llega a la mente como un recuerdo lejano pero presente. Es como si mi cabeza a medida que voy dando pasos en grandes pusiera en orden lo que la memoria había olvidado, trayendolo de nuevo a flote. Y es que comencé a recordar desde que vivía con Gigi. Primero fueron sueños desordenados, luego, asociaciones cuando veía un espejo, un tenedor doblado y cosas tan simples. No fue cuando me puse la ropa interior de Gigi que recordé haber tenido sexo con un enfermero para que me dejara salir ese día en la cual fui salvada por Leviatán. Dios es testigo de eso. Luego, los recuerdos del psiquiátrico salieron a flote como el plástico en el mar. Neutralizandome, retandome a preguntar: ¿por qué rayos estaba en el psiquiátrico? no obstante, a medida que forjaba lazos con Gigi, decidí dejarlo así, abandonar la idea de saber un porque. En ocasiones, no es bueno indagar tanto, quizás lo que se descubra no gustará. Exactamente, es lo que tuve presente cuando el recuerdo efímero del psiquiátrico llegó a mi mente volviendome, confrontandome. ¿Por qué alborotar las aguas o el avispero? es mejor dejar que todo fluya y a las aguas turbias dejarlas quietas. Por eso decidí: ser feliz, vivir mi presente. Le sonrio con la misma amabilidad que hasta ahora Gwen me ha demostrado. —Bien. ¿Quieres comer algo? lo que quieras... Lo pienso, si tengo hambre, si quiero comer. —Huevos con pan estaría bien. Asiente, levantándose del asiento. Mi mirada la sigue hasta el arco que se divide entre la sala y la cocina. Busca en la heladera y saca huevos y otras cosas que no puedo discernir desde mi distancia. Acomodo mi torso cuando la veo aproximarse. Enciende el televisor plasma gigantesco. Me alcanza el control remoto y me lo deja a un lado. —Puedes mirar lo que quieras... Sonrio angustiada al mismo tiempo. Ella lo nota porque de inmediato me dice: —Puedes pasar la noche aquí. Suspiro aliviada. Su silueta perfecta se aparta de mi vista y tomo el control remoto en busca de una película. Cambio de canal un par de veces hasta que consigo una. Le doy toda mi atención. A los minutos, Gwen se dirige hacia donde me encuentro con una manta y me la ofrece. Se la agradezco. Es tan amable, tan bonita. Tal como todo este tiempo la he imaginado. Sigo mirando la película, se llama: la sombra de un amor. Gwen se incorpora a mi lado con un tazón de palomitas de maíz y huevos, con pan. Lo veo. Lo tomó. Me lo como sin refutar nada. Visualizo que se sienta a mi lado quitándose los tacones, supongo que le duelen los pies porque se los frota haciendo muecas. Le echo una mirada a la sala y me sorprende que no haya ni una sola foto de ella o de alguien, por eso, dudo que sea su casa. Ella se ríe con la escena del gato en la película y yo solo puedo mirar lo hermosa, lo perfecta que es. Si yo hubiese sido adoptada por la familia de ella, de seguro mi vida no fuera una mierda, nunca estaría en un psiquiátrico. En ese momento, de perfil con su nariz perfilada, su cabello n***o, su piel tan blanca como la nieve, deseé ser Gwen, tener su vida, su personalidad, su amabilidad. ***** Otro capítulo. Si les gusta, dejen sus comentarios. Los quiero, un abrazo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD