~El Boulevard de la muerte ~✓

531 Words
Cuando mi boca toca su polla. Lo hago de manera torpe, asquienta. Mi lengua acaricia su piel y un rugido sale de él. Lo busco con la mirada cuando visualizó que tiene los ojos cerrados. ¿Lo está disfrutando? Chupo desde la base hasta la cabeza. Jugueteo con mi lengua unos cuantos segundos hasta que me canso, mi boca se está cerrando y necesita ser liberada de esa polla. Justo cuando quiero ser libre, me toma por el pelo y me sumerge en las profundidades de ese placer. Lo hace con rudeza, sin ninguna amabilidad. Me atraganto, quiero vomitar, pero me lo trago. Mis ojos se llenan de lágrimas más a Leviatán no le importa. Está rugiendo como un cerdo, gimiendo, jadeando. Su polla excava hasta mi garganta atragantandome, dejándome sin aire. Mis manos quieren defenderse más no logro que me suelte. ¡Me está ahogando! ¡me está matando! ¡es una pesadilla! Mi boca está demasiado abierta, me duele. Mis lágrimas por todo el rostro mojado, la respiración a punto de abandonar mi cuerpo. Siento que su polla expulsa algo caliente que cae hasta mi garganta y sin poder evitarlo lo trago todo. Finalmente, sale de mí y toso de forma frenética a medida que busco el aire para que se compadezca de mí. Quiero vomitar... lo hago... de inmediato la lluvia se lleva el vómito. Estoy exhausta, la pesadilla de ahogamiento ha acabado. Respiro pausado, con la boca abierta cuando lo veo alejarse en medio de la oscuridad. —¡Adiós, princesita, algún día espero volverte a ver!—dice de espalda, y se pierde entre los arbustos frondosos que adornan el boulevard. Esos arbustos que antes lo veía como un oasis en medio del calor infernal en pleno verano, en estos momentos me parecen cómplices de un sacrilegio que se cometió. Leviatán desaparece de mi vista y el alma me regresa al cuerpo, sin embargo, la sensación de su polla permanece conmigo, será difícil superar esa situación, olvidarme de lo que pasó está noche. Miro al cielo y las gotas siguen cayendo en mi rostro fundiéndose como el fuego y el oro hasta convertirse en uno solo. Sigo temblando, sigo llorando... sigo teniendo miedo. ¿dios, por qué me permitiste venir a este sitio? pienso que lo estoy gritando pero no, mi mente lo está haciendo por mi. Estoy tan exhausta que no puedo ni hablar. Mi estómago está revuelto que quiere seguir vomitando todo ese líquido que expulsó de su polla y me lo trague sin opción alguna. Me acuesto en el asfalto frío en posición fetal. La lluvia me envuelve. Los rayos es la música para mis oídos. —Si existes dios. Sobreviviré a esta noche. Si existes, ayúdame a no morir. Y, después de muchas noches de pesadillas, de insomnio, de ser perseguida por un enter desconocido, por fin, después de muchas noches consecutivas lidiando con la oscuridad. Finalmente, duermo en medio de la lluvia, en ese Boulevard que cuenta una leyenda atroz, en ese dónde han habido los suicidios. Dormí en paz. ***** Notita: Aquí hemos culminado este capítulo. Si te ha gustado, deja tus comentarios. Actualizaré apenas puedas. sin más, un abrazo.
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