~El Boulevard de la muerte ✓

1397 Words
Asombroso... ¿Que significa? ¿quien es? Lo veo acercarse con tanta firmeza que pierdo el equilibrio y resbalo al vacío, solo que mi mano zurda logra atrapar la baranda oxidada y no se por cuánto tiempo pueda sostener el peso de mi cuerpo con una sola mano. —¡Ayúdame!—suplico. Mirando al vacío a la lluvia y a él que me sigue mirando con una sonrisa en el rostro. Quiero borrarle la sonrisa, darle un puñetazo tan fuerte hasta romperle los dientes tan blancos que muestra. Solo que en esta ocasión estoy pidiendo su ayuda, la necesito, no estoy lista para morir, aún no. —¡Por favor, ayúdame!—el imbécil se queda quieto, no responde y me exaspera que se quede parado sin hacer nada. ¿Acaso quiere que me muera? una persona con sentido común me ayudaría, pero él... él solo sonríe, solo me mira como si esperara que me soltara. —¡Por favor!—suplico por tercera vez. Está vez mi voz es angustiante, desesperada. En realidad, lo estoy. —¿Para qué?—responde. Paseó la mirada entre el vacío y él una vez más. ¿Cómo que para que? ¿que respuesta es esa? —¡No quiero morir!—imploro, entre lágrimas. Su rostro se transforma en una especie de ¿decepción? ¿que coño? —¡Que pena! hubiese Sido un lindo espectáculo. ¿Espectáculo?... ¿que se cree este sujeto? —¿Espectáculo? por favor, necesito ayuda... ayúdame... te lo suplico. Me mira... no dice nada. —No tengo intención de salvarte... así que... adiós. Me tiembla la mano. Se me acalambra. Estoy apunto de soltarme, no puedo más. Miro el vacío, la oscuridad que me espera abajo y le temo a la muerte, tanto como a las ratas. —¡Oye, por favor! si me ayudas haré lo que sea...—grito. Lo pierdo de vista y me desespero—. Haré lo que sea, solo quiero vivir, por favor—lloro, ya no puedo más, mis manos están cansadas y sé que en cualquier momento se rendirán. La vista se me nubla y lo veo como una sombra feroz que se inclina ante la barandilla. —¿Lo que sea?—rectifica chasqueando la lengua. —¡Lo que sea!—suplico, desesperada—. ¡Solo ayúdame! Lo piensa... me está mirando con indecisión. No sé que tiene que decidir, va a salvar una vida, debería de verlo como privilegio. Oh dios mío... la mano, ya no puedo. —¡Me caigo!—grito con terror cuando se me está resbalando—. ¡Auxilio!—desgarro mi garganta con gritos tan desesperados que suena un trueno feroz en medio de la ruidosa lluvia. Es el fin... es mi fin... me pregunto si las chicas antes de lanzarse de la barandilla se arrepintieron de la misma forma que lo estoy haciendo ahora. ¿Si alguien las ayudo? o ¿estuvieron completamente solas? son hipótesis que nunca hallaré respuesta. De seguro, mañana saldrán en los noticieros: Niña de 18 años se suicida en el Boulevard. Tendré la primera plana con la foto de mi cadáver ensangrentado y un montón de gente juzgandome por la decisión, sin saber que me resbale y caí al vacío por accidente. Cierro los ojos, sé que este tipo no me ayudara. Me aferro a qué Dios me reciba en su reino, y que no me duela el impacto. Mi mano se resbala y... él me sujeta. Abro un ojo primero, luego, otro. Me sostiene, me está levantando. —¿Puedes ayudarme? ¡No estás tan ligera como parece! Quiero sonreír ante el comentario pero me niego a hacerlo. Me da alegría que estaré a salvo, con una segunda oportunidad. Trató de ayudarlo, de tomar con las dos manos la barandilla y subir. Una vez que tengo los pies sobre la tierra, me arrodillo y beso el suelo mojado con tanto fervor que sonrío que a cualquier vista sería desquiciada. No es que estoy loca, solo feliz de tener otra oportunidad de vida. Miro al desconocido que también lo está haciendo en un silencio solemne. La lluvia golpea la sudadera con capucha negra que cubre su rostro. Un relámpago fuerte me provoca un respingo haciendo que me levante del suelo. —¡Quédate así!—ordena. Miro el suelo mojado y a él. No comprendo... ¿para que quedarme en esta posición tan incómoda? —¡¿Que, por qué?!—poso las manos en mi regazo cuando lo veo aproximarse con pasos lentos. Puedo escuchar el ruido de sus botas militares al pisar el agua. —Porque será más cómodo para tí. Enarco una ceja. ¿Para mí? —No comprendo... Una sonrisa malévola se ensancha mostrando sus dientes perfectos. —Dijiste que sí te salvo harías lo que sea... Pues... para lo que harás es necesario que estés en esa posición. Tiemblo. El labio inferior me tiembla. Todo el maldito cuerpo lo está haciendo y no lo puedo controlar. Quiero volver a dónde estaba, costarme en mi cama y olvidar que todo esto está sucediendo. Agacho la cabeza mirando la lluvia desvanecerse al impactar con el asfalto. Sus dedos fríos en el mentón me alzan la cabeza. —Quiero...—dice. Me acaricia con el pulgar los labios dibujando la forma del mismo—. Tienes unos labios muy sexys. Se verían muy bien—me quita la mano de los labios y se la pasa por la cara—. Se verían muy bien en mi polla. Me quedo pasmada, con los ojos pelados, procesando... Se lame los labios. —Si, eso es lo que quiero...quiero que me la chupes con esa boquita que tienes. Procesando... sigo haciéndolo... Miro las expectativas en sus ojos ¿azules? no logro distinguirlos bien con esa capucha. Solo sé que está sonriendo, ¿por qué sonríe? Mis ojos bajan a los pantalones empapados negros, y observo como sus manos bajan el cierre y liberan su polla. Sin duda, es grande, no creo que quepa en mi boca. ¡Estoy asustada! no sé cómo hacerlo, nunca lo he hecho. Inspiro aire, estoy sorprendida, asustada, con miedo. —Un trato es un trato... ¿o no, princesita? Ash... princesita... me molesta que me diga así. No quiero que lo vuelva a decir, no soy una princesa... nunca lo seré. Lo miro suplicante, quiero que está situación pase lo más rápido que se pueda. Cierro los ojos suplicando que sea un sueño,una de esas pesadillas que me persigue como un depredador a su presa y justo cuando la oscuridad está a punto de devorarme despierto sudada, con gritos pero en la cama, deseo más que nada despertar en la cama. Sin embargo, abro los ojos y la polla del desconocido está casi en mi cara. Retrocedo de rodillas asustada, mirando el tamaño tan impresionante que tiene. Es larga, gruesa. —¿Que estás esperando?—se estás impacientando. Lo noto por el tono brusco de su voz. —¡No hago estas cosas con extraños! no soy una puta—reprocho. Lo veo sonreír. —Para que me lo chupes no necesito tú nombre, no me servirá de nada, pero si quieres saber mi nombre para que comiences de una voz por toda, está bien—se inclinó y ese acercamiento casi me mata de un infarto. Su aliento golpea mi oreja—. Soy Leviatán. Pasmada... impactada. ¿Leviatán? ¿que clase de nombre es ese? miro sus ojos y confirmo que son azules como el mar, hasta que vuelve a su posición original. —Chupa... lamelo... dale las gracias por haberte salvado. Veneralo como si fuera un dios porque ahora mismo, soy tú puto dios. Así que... cumple tu palabra y métetelo a la boca ya mismo. Titubeo. Veo su polla a medida que el corazón se me acelera tan jodidamente que se me va a estallar. Lo haré rápido, además, a este tipo nunca más lo volveré a ver. Rápido... rápido Willow... cierra los ojos. Cierro los ojos. Abro la boca. —¡Buena chica!—susurra. Entonces, mi boca toca su polla. ***** La tercera parte de este capítulo ya está. Si te ha gustado la lectura, házmelo saber en tus comentarios. Feliz inicio de año mis amigos. Agreguenla a sus bibliotecas y denle me gusta. Un abrazote
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