Capítulo 7: Extracurricular✓

1883 Words
Capítulo 7 Extracurricular "Hay cosas peores que ser invisible", había dicho el monstruo, y tenía razón>> Un monstruo viene a verme. ** Willow: Dudo de mi cordura. Estoy fluctuante cuando se trata de la realidad o la fantasía. ¿Que es la realidad? ¿que es la fantasía? ¿qué significan ambas cosas? ¿cada quien tenemos diferentes perspectivas de la realidad? ¿Cuál es mi verdad? Consecuentemente, después de tomar un té relajante que me haría dormir, me llevo a una dimensión que me hizo reflexionar y hacerme este montón de hipótesis. Si estuviera delante de un tribunal siendo juzgada por cosas que no recuerdo o simples pesadillas, me declararía sin dudarlo culpable, y es porque lo soy. Soy culpable de este sueño, de el deseo, de las ganas, de la pasión. Y es que, cuando el deseo se enciende no hay agua que lo pueda apagar. Entonces, me declaro culpable por el siguiente sueño que aún mantengo en mi cabeza y dudo de si fue real o pura fantasía. Cierro los ojos y lo revivo de la misma forma que lo haría un recuerdo importante. No dejo que se me escape de la mente ni que se esconda tras el baúl de los recuerdos. Así comienza el sueño: Siento unas manos tocarme. Unas grandes, fuertes, suaves. Me muevo de un lado a otro envuelta entre las sábanas rojas de seda. Asimismo, aparta la sábana que me protege del frío de la alcoba y las manos están quitando los pantalones cómodos que tengo para dormir. Enseguida, sin tanta dificultad mis bragas. Abro los ojos, entonces, lo veo. —¡Gabriel!—digo, con la respiración entre cortada. Con el cuerpo reaccionando a cada toque suyo. ¡Porque el cuerpo es así! Se encarama encima de mí y siento su peso aplastarme. Sin embargo, no digo nada, me gusta que me aplaste. —¿¡Gabriel, que haces!?—farfullo. Sus lengua acaricia con rudeza mi cuello ascendiendo hasta el lóbulo de mi oreja. Lo muerde, lo lame. —Gabriel no está aquí—dice. Quedo como el hielo—. Soy Leviatan. No me muevo, trato de mirarlo y son los mismos ojos de Gabriel, la boca, las facciones. ¿Que demonio? ¿que rayos? Toda hipótesis es destruida cuando sus dedos juegan con mi clítoris. Gimo, cerrando los ojos. —¿Te gusta?—susurra. Asiento con entusiasmo. Quiero que siga, que no pare. Suelto un gritito cuando un dedo entra en mí. Estoy convulsionando, arqueandome, encendida. Asimismo, el dedo se mueve, entra y sale con facilidad, con brusquedad y me abro más, necesito más, quiero más. Mis ojos le ruegan, y él parece notarlo ya que arrastra su lengua por todo mi cuerpo hasta quedar en mi vientre hormigueante. —¡Oh Dios!—exclamo Y el suelta un gruñido leve. —¡Dios no está aquí, princesita! Pelo los ojos con brusquedad porque es él, su voz ronca, su manera de llamarme así. Princesita. Así me dijo la noche en el boulevard Consecuentemente, veo la gloria cuando su lengua se posa en el monte de venus, en esa zona húmeda y plancetera. Arqueo la espalda y tengo que sujetar el cabezal de la cama para soporta el éxtasis que estoy viviendo. Su lengua lame, chupa, juguetea, saborea. Ese mismo m*****o que usa para hablar, entra y sale de mi elevandome a todos los cielos. Su boca sigue comiendo y yo disfrutando. Lo necesito dentro de mí, deseo que lo esté. Lo suplico con cada jadeo, gemido, chillido que mi garganta emite por ese placer tan rico experimentado. Me corro con un gemido y él sonríe. Se aparta de mí lamiendose esos labios sexys carnosos. En cambio, mi cuerpo está exhausto, convulsionando de placer, de querer más. —Hoy fue tu turno princesita. Me diste placer en el boulevard y yo te devuelvo del favor. Para la próxima, es tú turno. Jugaremos un rato. Con una sonrisa, desapareció así como así, en medio de la oscuridad. Cerré mis ojos y me dormí de inmediato hasta despertar y estar envuelta nuevamente entre las sábanas con el pantalón cómodo puesto y las ganas elevadas a nivel máximo. ¿Fue un sueño? ¿fue realidad? no lo sé. A mí perpesctiva, todo fue muy real. Miro a Gwen que está en el sillón con el computador y yo hago nada más que en pensar en el deseo de que su marido me haga lo mismo que hizo en la noche. Si supiera que estuvo en mi alcoba y probó mis sabores. Sonrío porque el recuerdo, su lengua, su peso, su olor lo tengo a flor de piel, como un perfume exquisito que es difícil de olvidar. Quiero tenerlo, quiero hacerlo mío sin importarme Gwen. No puedo sacarlo de mi mente, de mi cuerpo, de mis venas. Ven a mí leviatan, búscame las noches que sean necesarias. Sigo sonriendo como una tonta cuando Gwen me mira. —Hay un dicho muy popular: El que se ríe sola, de sus picardías se acuerda. No pierdo la sonrisa, al contrario, la ensancho más. —¡Solo estoy contenta! Ella me mira sonriente. —Vaya pues. Una cita con Víctor te puso contenta. Si ese es el efecto que tiene en sus conquistas, no comprendo porque sigue soltero. —Quizas espera la indicada—digo, preparando té. —La indicada. Si, claro. En ese proceso de acostarse con muchas debió estar la indicada—expresa, mirando el aparato. Mi vista se centra en Gwen aunque ella no me mira, y me pregunto: ¿que tanto Gwen conoce a Víctor para afirmar que cuántas han pasado por su cama? debían ser tan buenos amigos como para conocer hasta la intimidad del uno al otro ¿que nivel de amistad es esa? ¿correcta o incorrecta?, ¿Gwen conoce a Gabriel? ¿que tanto? Suspiro. —¿Que tanto conoces a Víctor? —Lo suficiente—dice. Le llevo él té y sus ojos me agradecen. Me incorporo en el mismo sofá mirándo como deja la laptop a un lado. —Parece un buen tipo. —¡Lo es! solo que... no es capaz de centrarse en una sola mujer—pone los ojos en blanco—. Es su único defecto. Fingir que no sucede nada al día siguiente después de haberla llevado a la cama, es incorrecto. —Ya—bebo del té. La sigo mirando con tanta intensidad que ella se remueve del sofá—. ¿Que tanto conoces a Gabriel? La pregunta la toma por sorpresa porque sus ojos están tan abiertos como plato. —Bueno. Creo que también lo suficiente. Él es... tierno, amable, cariñoso, mi alma gemela, el amor de mi vida. —¿Lo amas?—la pregunta me brota sola al igual que un río. —Muchisimo Willow, prácticamente, es mi vida entera. Sigo bebiendo sin decirle nada. Si le contara sobre Leviatan, sobre el Gabriel que yo conozco, de seguro la dejaría devastada. Una parte de mí quiere alardea sobre Gabriel y la otra quiere a Gwen, la quiere al igual que se quiere a un hermano. Es como si tuviera dividida entre el deseo y el parentesco filiar que estoy construyendo a su lado. Hacerle daño duele del mismo modo que una cortada, y el deseo por lo que es suyo es tan plancetero como un delicioso alimento. Suspiro, Gwen me mira. —¿Alguna vez te has enamorado Willow? Niego con la cabeza. —Ojala lo hagas algún día, es hermoso. Sonrío de medio lado. —Escuché una vez que el amor nunca deja de ser y que es lo más puro que puede sentir el humano, solo que, ¿que pasa cuando ese amor se vuelve impuro? ¿cuando ese amor te condena a una oscuridad y te lanza al infierno? Gwen arruga las cejas, intrigada. —El amor no es oscuro Willow, no te hace descender al infierno, de hecho, el amor no es sinónimo del infierno. No te condena a una oscuridad perpetúa, somos nosotros los que amamos mal, como dijiste, el amor nunca perderá su esencia original. —El amor. Aveces puede ser doloroso—digo, pensando en Victor, en saber cómo tuvo que ver a la mujer que amaba casarse con otro hombre a pesar de que estaba enamorado. Sonríe, y esa sonrisa de Gwen juro que fue la más tierna que he visto en mi vida. —El amor duele cuando amamos mal, cuando decidimos amar a personas incorrectas. A personas que no merecen el amor. —¿Cómo sé que es una persona incorrecta? ¿una que no merece el amor? Gwen me mira. —Porque el amor no te manipula, no te lastima, no te olvida, no te trata mal, no te humilla, no abusa de tú buena voluntad, no te llama patética, no te hace llorar. Si una persona tiene todo esos requisitos es porque el amor no está en él. Sonrío, no sé porque mi mente vuelve a leviatan, a ese Gabriel que solo busca placer. Miro a Gwen y me duele tener esos pensamientos, esos sentimientos, esas ganas. No quiero hacerle daño porque ella es lo más puro que he conocido al amor. Entonces, en ese momento lo supe, que había una única manera de querer a Leviatan: solo en mis pensamientos. No sé que me perdí por estar sumergida en mi mente ociosa, considerando que Gwen me abrazó y ese abrazo por dios mío, fue tan sincero, tan cariñoso que casi lloro. Hace mucho nadie ma abrazaba, nadie me... me trasmitia tanto afecto como lo hace Gwen. Gwen como te quiero. Me suelta y cuando nos enredamos en miradas, supe que estaba llorando. —Nunca nadie me había abrazado—digo La veo tragar grueso, sus ojos ahora son mares que lágrimas contenidas. Sé que mis palabras la han conmovido, y no quiero eso, solo digo la verdad. —Nadie merece quedarse sin abrazos. Sonrío y un par de lágrimas invaden mis mejillas. —Gracias por recibirme en tu casa, por ser... por ser una hermana mayor para mí. Las lágrimas a Gwen le bajan por las mejillas y siento que mi pecho va a estallar por tanta presión. —Gracias a tí por bendecir mi vida—agacha la cabeza y suspira—. ¿Te acuerdas que me contaste sobre el olfanato?—asiento—. Pues, yo soy esa niña, tú heroína. La que le pateó el trasero a esa abusiva cuando eras más pequeña—la voz se quiebra y por alguna razón mi estómago se encoje. No digo nada, las lágrimas expresan todo. Ahora soy yo la que quiere otro abrazo, que desea permanecer en esa burbuja para siempre donde el amor predomina. Quiero hacer un capture mental de este momento para cuando piense en su esposo pueda recordar este hermoso día y así... nunca traicionarla. Enseguida, supe que no solo habia una forma de amar a Leviatan, si no que también debía alejarme de él o las llamas del infierno me alcanzaría y Gwen saldría herida. —Que te parece—dice—. ¿Un día de chicas? **** Dios... dejen sus comentarios acerca de Gwen y Willow. Me dolería que rompieran esa relación tan hermosa que tienen.
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