Las seis mujeres ingresaron con confianza en el Club Espejos. Su interior estaba sumido en una oscuridad tenue, alternada con luces brillantes que parpadeaban al ritmo de la música. Todas tomaron asiento en una de las mesas centrales y pronto llegó un mesero para preguntarles qué era lo que iban a tomar.
Para su sorpresa, distaba mucho de lucir como un camarero común. Quién se les aproximó era un hombre apuesto, que vestía sólo con un cuello de esmoquin y delantal de cuero sobre su torso completamente desnudo, perfectamente trabajado en el gimnasio. Las muchachas emocionadas, comprobaron que ese era el look estándar de todos los mozos del lugar.
— Es la despedida de soltera de nuestra amiga, — anunció Belinda animadamente. — ¿Qué sugieres para una troupe deseosa de pura diversión?
El aludido sonrió con mucha simpatía a todas, especialmente a la mujer que lucía un velo de novia, quien era obviamente la que contraería matrimonio.
— ¡Felicitaciones, belleza! — le dijo
— ¡Gracias, cariño! — repuso Sabrina pícaramente.
— Para comenzar la diversión, la primera botella de champaña corre por cuenta de la casa, para que todas puedan brindar en honor a su amiga. — expresó el camarero sexy — También tendrán una ronda adicional de los tragos que pidan después.
— ¡Bravo! — festejó Lara.
— ¡Comencemos por las bebidas y dejemos el brindis para el momento culminante de la noche! — propuso Mayra.
— ¡Estoy de acuerdo! — dijo Sabrina. — ¡Los tragos primero!
El encantador mozo anotó sus pedidos en una pequeña libreta y se retiró con la promesa de regresar pronto.
Magdalena pensó que estaba soñando. Estar allí excedía todas sus fantasías. Aunque fuese bastante obvio preguntó.
— ¿Qué es este lugar?
Sabrina la sacó de sus dudas de inmediato.
— Este, querida amiga, es el único sitio en el que vale la pena despedirse de la soltería. Supe de la presentación de un espectáculo especial, dedicado exclusivamente al deleite femenino. — comenzó a explicarle. — Esta noche disfrutaremos de la belleza, el vigor y la sensualidad de hombres bellos, a niveles arrebatadores. Nos regocijaremos de los más magníficos… — dijo tras lo cual tamborileó sus manos sobre la mesa creando cierto suspenso, para finalmente gritar… — ¡Estríperes!
Todas las mujeres, excepto Magdalena aplaudieron y chillaron eufóricamente y al unísono. Después golpearon sus manos sobre la mesa, y vociferaron repetidamente.
— ¡Hom-bres! ¡Hom-bres! ¡Queremos ver hom-bres!
Ella no supo que pensar de todo eso. No rechazaba la idea de una noche divertida, en la que después de todo, sólo sería una observadora. Estaba lejos de sus intenciones comportarse de forma osada.
Pero seguía preocupándole la opinión de su marido, quien podría enterarse de eso. Sus pensamientos fueron interrumpidos por la llegada de los tragos, lo que espoleó de inmediato el ánimo festivo.
Pronto el club se llenó de mujeres, deseosas de ver el espectáculo del que se había corrido la voz por toda la ciudad. Cuando el lugar ya estaba tan lleno, que los meseros iban de un lado al otro muy atareados con numerosos pedidos, repentinamente la música se silenció y el ambiente quedó a oscuras.
Entonces, se oyó un redoblar de tambores y la luz de un reflector empezó a recorrer el escenario. Una voz masculina en off se escuchó por los altoparlantes.
— ¡Señoras, señoritas, damas traviesas y muuuuuuy juguetonas! A partir de este momento comienza una fiesta exclusiva para ustedes. A continuación, disfrutarán de la vista de los hombres con los que sueñan, mientras están con sus maridos, novios e incluso… amantes. ¡Tenemos el agrado de presentarles a los sensacionales… Wooooondeeeeer Booooooys!
Una melodía bailable de estilo electrónico dio comienzo a la fiesta. El ambiente se llenó del estruendo de mujeres batiendo palmas y gritando emocionadas, momento que se vio coronado por la aparición de seis individuos trajeados en el escenario.
Primero bailaron coordinadamente, pero después cada uno comenzó a exhibirse en la tarima central, mientras se despojaban de la ropa. Finalmente, quedaron ataviados solamente por prendas íntimas que apenas cubrían sus partes pudendas. Todos eran muy atractivos, y en sí mismos monumentos individuales a la belleza masculina.
Esa primera presentación alcanzó su máximo clímax cuando todos bajaron entre las mesas poniéndose al alcance de las clientas. De este modo les permitieron comprobar la firmeza de sus pectorales y de sus abdómenes perfectos. Fueron recompensados generosamente con billetes, introducidos en el borde de sus atuendos personalísimos.
La noche transcurrió con el espectáculo individual de cada uno de estos bailarines, que aparecieron con diversos disfraces tales como un indio de película de cowboy, un policía, un cocinero, un doctor, un bombero y un jeque árabe. En cada caso hicieron gala de sus habilidades como bailarines, de su agilidad acrobática en una barra de pool dancing y por supuesto, de un atractivo cautivante.
En un momento sobresaliente, cuando parecía que ya habían visto a todos los hombres del espectáculo, uno más bello que otro, la voz en off hizo un nuevo anuncio:
— No desfallezcan, adorables revoltosas, porque aún no han visto lo mejor. En esta noche especial de diversión femenina, tenemos el agrado de presentarles al mejor, el más apuesto y sensual de todos los hombres. Disfruten del show especial del… Aaaaaaamanteeeeee deeee Ooooooroooooooooooooo.
Entonces otro hombre apareció en el escenario. No era ninguno de los sujetos encantadores, que se habían presentado previamente. Era un hombre alto y atractivo, ataviado en un traje blanco con detalles en dorado, similar al de un mago. Lucía una capa blanca, con el reverso en amarillo brilloso y un antifaz que le daba un aire enigmático.
Con maestría, elegancia y mucha sensualidad realizó una danza, cadenciosa, sexy, y provocativa, adueñándose del escenario. Lenta y sugestivamente se fue quitando cada una de sus prendas, con movimientos casi mágicos.
Las mujeres presentes en el club seguían sus movimientos sensuales con total atención, y sólo algunas le gritaron algunos improperios lascivos, emocionadas por su performance.
Sabrina, quien seguía atentamente el espectáculo al que habían acudido en su honor notó algo en una de sus amigas. Magdalena, que había participado medidamente de la presentación sin manifestar ninguna emoción desmedida, ahora había caído ante el influjo de este bailarín. No era para menos, el individuo era por definición un completo adonis.
Finalmente, el Amante de Oro terminó sólo con su slip hecho de oro, una pajarita en su cuello y la mascarilla que cubría sus ojos. De este modo se podía observar su cuerpo perfecto y musculoso, en toda su gloria y belleza.
Se balanceó con maestría girando en torno a la barra de pool dance y después hizo unas insinuantes flexiones de brazos, en las que en realidad lo que más se movían eran sus caderas. De este modo elevó aún más la temperatura y la emoción del público.
Cuando la música lenta, romántica y sexy llegó a su fin, terminó su danza con sus brazos cruzados en su espalda, una pose perfecta que destacaba la belleza de su torso. Entonces, las luces se apagaron. Aplausos, silbidos y gritos emocionados poblaron el ambiente.
La iluminación regresó, pero el mágico bailarín ya no estaba, lo que propagó un sentimiento de desilusión.
La voz en off del presentador dijo:
— Y esa, juguetonas deliciosas, fue la presentación del Amante de Oro para todas ustedes.
Entonces la clientela aplaudió emocionada, y muchas mujeres se pusieron de pie. Aunque todas se sintieron desilusionadas cuando la iluminación volvió a la normalidad, descubriendo un escenario vacío.
— No se desanimen, chicas. — dijo nuevamente la voz — Esto aún no termina. Les daremos un rato para recuperarse de tanta emoción. Pronto, regresaremos con una sorpresa. ¡No nos abandonen aún!
De este modo, volvió a escucharse música estándar de moda por el sistema de sonido. Las muchachas no paraban de hablar emocionadas del espectáculo que acababan de ver. Mientras se deshacían en elogios y expresiones apasionadas, opinando sobre cuál ejemplar era el más sexy, pidieron la champaña para brindar por Sabrina.
Así fue como chocaron sus copas, al tiempo que le deseaban que iniciara una vida llena de felicidad. La conversación que siguió, giró a continuación en torno al Amante de Oro.
— ¡Santo cielo! — exclamó repentinamente Georgina. — ¡Chicas, creo que ya sé quién es! — dijo.
Sabrina se volvió hacia ella intrigada.
— ¿De qué estás hablando? — le preguntó.
— Mi prima, me habló de él. Una conocida suya fue a verlo a un club nocturno en París. Es el estríper más famoso del mundo. Aunque no sale en las revistas del corazón, dicen que es el hombre más hermoso del planeta.
— ¿Es eso cierto? — repuso Lara.
— ¡Totalmente! Al parecer bailar no es en realidad su mayor habilidad… Lo mejor que sabe hacer es algo más personal… ¡Ustedes entienden! — explicó guiñando un ojo.
— Si, entendemos. — aseguró Lara, quien sonrió ante la sugerencia más que obvia.
— Dicen que tiene una capacidad tan extraordinaria de dar placer, que lo han buscado mujeres acaudaladas de todo el mundo. Le han retribuido con paladas de dinero, oro, diamantes, joyas y hasta con coches carísimos. Sus clientas son empresarias, princesas del medio oriente, damas de la nobleza europea y todo tipo de mujeres muy acaudaladas. Así fue como se convirtió en un hombre muy, pero muy rico.
— ¡No es para menos! — exclamó Mayra— ¡Si tuviera una fortuna, se la daría gustosa, con tal de tenerlo para juguetear toda una noche!
— Si, creo que todas lo haríamos…— comentó Lara. — pero está fuera del alcance de nuestros bolsillos. Así que deberemos contentarnos sólo con deleitar nuestras pupilas.
Magdalena no dijo nada, tan sólo escuchó la conversación con curiosidad. Lo único en lo que pensó fue que sin dudas el sujeto era muy guapo, razón por la cual despertaba tantas habladurías a su paso.
Minutos después, un individuo maduro, pero de contextura atlética apareció en el escenario, portando un micrófono. Cuando comenzó a hablar, no fue difícil reconocerlo como la voz que condujera el espectáculo por los altoparlantes.
— Señoras y señoritas traviesas, ¿han disfrutado la noche? — preguntó con un ánimo muy alegre.
De inmediato la mayoría de las mujeres gritó que sí, e incluso vociferaron que querían ver más.
— Pues, ¡genial! Porque este show es para ustedes. Y si bien estamos llegando al final como anunciamos previamente tenemos una última sorpresa. Porque una de todas las presentes tendrá una oportunidad muy especial. En este momento nuestros meseros, seguramente están entregándoles números especiales para un sorteo. — anunció, algo que pudieron comprobar que era cierto.
— Hay una muy buena razón para eso, desearán conservar ese número como la cosa más valiosa que han recibido. — prosiguió el presentador. — El día de hoy una de ustedes, tendrá una cita inmediata con nuestro rey, el hombre más guapo y atractivo, deseado por miles de mujeres alrededor del mundo. La afortunada de este sorteo, se encontrará de inmediato con… el Amanteeeeee deeee Oooooooroooooooooooo.
De más está decir que el anuncio incentivó una vez más el frenetismo de las damas presentes en el lugar. Prácticamente todas deseaban fervorosamente ser las elegidas.
Uno de los mozos se aproximó al presentador con una bolsa en terciopelo n***o. El hombre de voz poderosa sumergió su mano en el interior y se aseguró de revolver los números para asegurar una elección aleatoria, pero justa. Entonces, extrajo uno de los pequeños papeles y dijo:
— La ganadora, la afortunada que se verá con el Amante de Oro, es la que tenga el númerooooo… — dijo largamente para crear sus pensó — ¡cincuenta y dos…! — soltó finalmente.
Cada mujer observó su número, pero casi todas las presentes quedaron desanimadas, al comprobar que no habían tenido suerte en esa ocasión. Ese no fue el caso con la homenajeada de la noche. Milagrosamente, la beneficiada por la diosa fortuna, fue la mismísima Sabrina…
Emocionada, comenzó a gritar y de inmediato subió al escenario. Le mostró al presentador que era la ganadora y este de inmediato la congratuló.
— ¡Felicitaciones! Has ganado una cita con el Amante de Oro, el hombre más guapo que verás hoy. A continuación, te escoltarán hasta dónde este se encuentra. ¡Disfrútalo, primor!
Sabrina, pidió el micrófono porque estaba emocionada y tenía algo que decir.
— ¡Gracias, muchas gracias! — dijo — Esta sorpresa me ha hecho muy feliz. Si bien es un premio para mí, ¿puede acompañarme mi mejor amiga, Magdalena?
El conductor del show pareció sorprendido.
— ¡Caramba! —dijo, — es un pedido inusual… — agregó dudoso— en realidad la beneficiaria es solamente una mujer.
— Es que estoy nerviosa, sólo quiero que me acompañe.
— De acuerdo, — le concedió el interlocutor— puede ir a saludar a este hombre espectacular. Llama a tu amiga, ahora.
Sabrina le hizo señas a Magdalena, quien de inmediato tuvo miedo. No quería verse involucrada en semejante locura. Las otras mujeres la motivaron para que aceptara la propuesta.
— ¡No entienden, soy una mujer casada! — les dijo.
— ¡Vamos, sólo tienes que acompañarla! ¡Tu marido no lo sabrá! — insistieron.
Entonces decidió aceptar, a pesar de que no se sentía segura. Llena de dudas, se unió a su amiga.
Uno de los camareros les hizo seña para que lo siguieran. A continuación, la llevó hacia un pasillo detrás del escenario, que daba con un par de camerinos. Cuando parecía que estos acababan, doblaron hacia otro corredor paralelo, al final del cual había una puerta.
— El Amante de Oro las espera. ¡Disfrútenlo! — les dijo señalándola, tras lo cual se retiró
Magdalena miró la entrada, confundida. Sabrina hizo un gesto que denotaba bastante nerviosismo. Pero finalmente giró el picaporte y la abrió.
Ambas ingresaron al lugar y descubrieron algo inesperado. El sitio era un cuarto, un dormitorio atractivo con elementos exóticos, cuyo centro era una amplia y atrayente cama de dos plazas.
Había un sofá con un tapizado en animal print, que imitaba las rayas de un tigre, y sobre una mesa mediana había un champagne con dos copas. Era evidente que los preparativos no iban a limitarse sólo a charlar con la estrella del show. Las dos mujeres se miraron por momentos azoradas.
— ¡Vaya! — exclamó Magdalena — Todo esto… ¿es para lo que parece que es?
Sabrina sonrió nerviosa y asintió con la cabeza.
— Si, aparentemente está dispuesto a dar una muestra de sus servicios.
— ¿Qué vas a hacer? ¿Aceptarás su oferta?
La aludida se quedó muda por momentos, algo que era muy inusual en ella.
— ¡Claro que no! — dijo— Quería divertirme, pero no por eso voy a engañar a mi precioso Ciro… ¡Lo amo demasiado!
— Bien, — repuso Magdalena — entonces, ¡vámonos ya!
— ¡Yo me iré! ¡Tú mejor, quédate!
— ¿Por qué haría eso? ¡Estoy casada!
— Pero, ¿cómo va a verse si nos vamos?
— ¿Qué importa? Sólo tenemos que irnos.
— No, no, no. — repuso Sabrina nerviosa— Al menos quédate para disculparte. ¡Te espero fuera! — dijo alterada, tras lo cual salió y cerró la puerta detrás de sí.
— ¡Sabrina! ¿Qué haces? ¡Espérame!
Magdalena trató de abrirla, pero por alguna razón no pudo hacerlo. Giró repetidamente el picaporte e incluso tironeó de él, pero no logró nada.
— ¡Diablos! ¡Está trabada! — dijo preocupada. Levantó el puño de su mano derecha para comenzar a golpear la puerta con todas sus fuerzas, cuando distinguió una presencia al otro lado de la habitación. Entonces, escuchó una voz masculina y al mismo tiempo, serena.
— ¿Ya te vas? — le preguntó— Pero, ¡qué pena! Esperaba que pasáramos un buen rato…— afirmó después con un aire confiado y seguro.
Al darse vuelta ella tenía una expresión asustada, a raíz de la sorpresiva cadena de eventos que estaba experimentando. Entonces, lo vio portando una bata dorada un poco entreabierta que mostraba su asombrosa figura. Aún llevaba la prenda personal que había usado en el escenario y el antifaz que le daba un halo enigmático. Con total seguridad abrió la botella con el espumante y llenó las copas. Después le extendió una con gentileza.
En completo shock, ante la situación tan inesperada, se quedó inmóvil. Finalmente estaba a solas con el Amante de Oro.