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1843 Words
—¿Cuál quieres que te lea?—hace una mueca, piensa en el cuento indicado para hoy. —¡Jack y los frijoles mágicos!—tomo el cuento y voy a la cama donde el pequeño espera ansioso. —Bien… Me siento en el colchón mientras tengo al principito atento a cada fragmento del cuento, además de las cosas que le agrego para que se sorprenda y baile en la cama, poco a poco veo como esos ojos se van cansando de estar alertas, y es una imagen muy bonita, sus ojos se cierran y es mi señal para terminar. Llevo el cuento a su lugar y hago lo mismo de la noche anterior, apagó la luz y salgo de la habitación. Trago antes de caminar en dirección contraria a la que tome ayer, y con pasos calmados entro en la recámara de Bastián. No hay nadie, pero sí una nota donde pide que me quite las bragas. Lo hago. Me ato el cabello en una coleta que queda abajo pero que después subo. Escucho la puerta abrirse y luego cerrarse, no me volteo, sólo espero a que entré. —Obediente—dice con cierto orgullo. —Gracias. Toma mis bragas antes de romperlas en mi cara. —No necesitas estas, mientras estés en mi habitación—trago despacio. —No he aceptado. Me guiña un ojo antes de encaminarse a mí y subir mi uniforme con una de sus manos. —¿Te doy el resumen o ya leíste el contrato? Me suelta para ir por un par de copas de vino que ya tiene listas, viene a dónde estoy y me da una, la acepto porque esto como dijo él es un negocio. —Y bien. —Dame un resumen. —Bien. El contrato estipula que tú, asumirás el papel de sumisa y yo el de tu Amo—explica antes de servirme más vino—. No puedes meterte con nadie que no sea yo o de lo contrario te voy a castigar o terminaré el contrato; también puedes terminarlo, pero tengo derecho a tener como máximo dos sumisas independientemente de mi título de príncipe—el dinero—. Pero mantente tranquila que sólo le soy fiel a mi sumisa, y más cuando no sabe nada de esto—trago grueso. <<Al ser mi sumisa tengo derecho a usarte en sesiones en conjunto o privadas—dejo que el vino haga sus efectos al tomármelo de golpe—. Normalmente lo manejo en privado, pero me encanta una en conjunto. Pero ya veré si lo hago o no. Tus palabras clave son rojo y n***o. La primera es que no aguantas la actividad y quieres que baje el nivel de lo que estamos haciendo y la segunda… me detendrá en ese momento. Suena algo que ya he leído en algún lado, pero no recuerdo en donde. <<Usarás la ropa que yo quiera que uses—dice calmado—y como a mis otras sumisas te llevaré a eventos importantes, y te presumiré como mi nueva pareja pero en el fondo sabemos que estoy exibiéndo a mi mascota s****l. Mis obligaciones como Amo son cuidarte, quererte y consentirte, así como castigarte y reprimirte cuando hagas algo estúpido que te ponga en peligro. —No creo hacerlo. —Es por sí acaso—asiento. Me rellena la copa y me sonríe—. Siempre cuido bien a mis mascotas. No me hace sentir mejor. —No soy un perro. —Pero sí una mujer que quiere saber que siente ser amarrada y cogida muy duro—me lamo los labios—. Sigamos… puedes decirme Bastián cuando estemos con personas de sociedad, pero me dirás señor mientras estés trabajando o en una sesión… puedes decirme Amo, señor, daddy, dueño y otras cosas más para alabarme, cosa que dudo que hagas—ladeo los labios por qué tiene razón—. Tengo derecho a elegir los días más convenientes para las sesiones que son tres por semana. —¿Cuáles serían? —Los que yo quiera, trabajas aquí puedo traerte cuando lo desee—asiento despacio—. Y creo que sería todo lo que debes saber. —¿Me usarás cada que quieras?—asiente despacio—Y sí yo quiero… —Puedes decirme y dependiendo mi ánimo te haré caso—asiento. Miro el documento y me la pienso, hace mucho que no sabía que esté mundo podía alcanzarme, pero me da miedo. —Se mi sumisa, y olvidó lo que sucedió con la sábana. Eso me hace parpadear y mirarlo, me sonríe y quiero matarlo. ¿Tenía que meter el tema de la puta sábana? Su padre le dijo que no la iba a pagar —Vete al diablo, Bastián—le gruño antes de tomarle al vino. —¡Firma el puto contrato!—parece ruego. Puedo sacar ventaja de eso, que tal un vestido, o varias cosas que me gusten. —¿Me desea, alteza?—trato de ser coqueta y lo logro. Sus manos se hacen puño a sus costados cuando le muestro parte de mis muslos, traga saliva antes de acercarse a mí y tomar mi cintura con algo de fuerza. —En mi cama y amordazada y totalmente desnuda para mí—sus manos bajan a mis piernas para acariciar con deseo mi piel—¿Firmarás? Trago antes de responder. —Dame una pluma. Se aleja de mí para extenderme un bolígrafo, se lo tomó antes de guiarme a dónde tiene el documento que me hace su sumisa, medito un poco más antes de imprimir los garabatos que hacen mi firma legal. Me quita el contrato y firma. —Toda mía. —Señor. —Ahora sí presiosa—dice antes de sentarse en el sillón—. Ven—me paro frente a él y me con los ojos pide que me siente en sus piernas. Al sentarme me gira a la puerta y abre mis piernas, cada una de ellas cae a los lados de las suyas. Sus manos bajan por mis piernas electrificando mi cuerpo en el proceso. Jadeo. Sube hasta rozar mi entrada con sus manos, me muerdo el labio antes de gemir suave. No se detiene, empieza a trazar círculos en mi zona más delicada, después sigue con masajes leves que van aumentando mi temperatura. Gimo libremente por sus toques, sabe lo que hace y lo está demostrando al hacerme jadear. —Vamos preciosa. Gime más alto—no. No estamos solos. —Señor… hay, ¡Ah!—no esperaba que los metiera en mi v****a. Los mete y saca como si fuera un… se siente bastante rico, quiero moverme, buscar más, pero su mano libre toma mi cintura para no dejarme ir y para que no busque el orgasmo. Bombea un par de veces más y yo no dejo de gemir y de gruñir por su intromisión, aprieto los puños conforme va subiendo mi excitación. Estoy alcanzar el orgasmo, mi cuerpo está sensible. Saca sus dedos de mi v****a y sin pena alguna los lame. —Vete a tu habitación que nuestra primera sesión será la siguiente semana—estoy… No sé cómo mierda estoy y quiero un orgasmo. —¡No puede dejarme así señor!—sonríe de manera cruel. —Tendrás lo que quiera darte—quiero gruñir—. Ahora vete. Me levanto con mi dignidad pisoteada y me voy a mi habitación, pero se siente la incomodidad entre mis piernas por mis jugos resbalando lentamente por mi piel. Lo mataré un día de estos. O él a mí. Se siente muy incómodo el caminar con mis piernas húmedas. Bajo las escaleras principales, para irme a mi dormitorio, pero una voz a mi espalda me detiene. —¿Sí, alteza?—me doy la vuelta para ver a la reina. —¿Ya le leíste el cuento a Logan?—asiento despacio. —Sí. —Gracias. —Es mi trabajo, alteza—ella niega despacio. —No lo es. Se aleja antes de que pueda decir algo más, por alguna razón ese comportamiento se me hizo extraño, pero no pregunto nada más antes de alejarme. Entre mis piernas hay un desastre, y yo quiero maldecir cada que camino y la fricción me recuerda que estoy mojada sin un orgasmo que me devastará para no querer levantarme de las piernas de Bastián. Entró en mi habitación para ver a Marco con una botella de vino y una sonrisa estúpida adornando esos labios que quisiera romper. —¡Lárgate! —Cariño… —Me vas a meter en problemas—y no precisamente con los reyes o con mi madre—. Vete, Marco. Bastián te dijo que no te puedes acercar. —¿Te cogiste al príncipe?—no exactamente. —¡No te importa!—se acerca y ladea los labios. —Cariño… —¡Qué te largues!—me alejo antes de abrirle la puerta. —¿No escuchaste a la dama u ocupas que lo haga yo?—no me fijé cuando abrí bla puerta. Marco nos mira y luego grita lo que piensa, despertará a todo el mundo si continua gritando como idiota. Veo a mi madre parece en la puerta porque los gritos son fuertes, porque también los da Bastián. Estoy segura de que le hablarán a los reyes por la pelea de gritos que tiene su hijo con un guardia en la habitación de una criada. Genial. Aunque… sería un buen pretexto para ver a Bastián fuera del palacio, porque no me puedo deshacer de él una vez que firmamos el contrato. Mi madre trata de calmarlos pero ninguno de los baja el nivel de sus gritos, y Marco trata de dejarme como una zorra por lo que según él piensa que ya hice con Bastián. Mis ojos van a la puerta y ya están mis monarcas en la puerta. —¡Creo que ya es suficiente!—gruñe el rey para todos. —Majestad—ahora se calla. —No lo quiero en mi palacio—gruñe Bastián para nadie en particular. —Hijo. —El que me coja o no a una mujer no le dará derecho de venir a la habitación de una de mis empleadas—ni tan empleada ahora—. Además, es cosa mía y de Natasha sí cogimos o no. Lo quiero fuera de mi guardia y fuera de mi casa. Marco sale por la puerta echando chispas, los reyes se miran antes de negar al comportamiento de Bastián. —¡Dime qué no hiciste nada, Natasha!—no tiene remedio ni vergüenza. —No. Bastián me jala a su cuerpo antes de retar a mi madre para que le diga algo, trago al ver qué mamá quiere soltarme varias cosas pero no lo hará frente a los monarcas. —Natasha, recoge tus cosas, no puedes trabajar en el palacio. Asiento. Bien. Ya estoy despedida. Hora de trabajar en la empresa familiar.
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