Ella estaba enojada, pero yo me encontraba feliz. Saberla celosa y tan alterada por aquellos ridículos comentarios de alumnas con las hormonas aceleradas me hacía sentir muy bien. Dejé que se fuera, necesitaba calmarse, estos días la habían afectado tanto como a mí. Intentábamos mantener la distancia de nuevo, pero era imposible y ridículo. —¿Qué pasó con Ámbar? —preguntó mamama, confundida, cuando entró. Le conté lo sucedido y ella sonrió sentándose relajada en la silla enfrente del escritorio—. ¿Qué piensas hacer? El semestre está por terminar, una vez que deje de ser tu asistente ustedes podrían ser más que amigos. —Mamama, ya te dije que no es así. ¿Qué es lo que tengo yo para darle? Soy un tipo roto, solitario, lastimado. Ella es joven, ama su libertad, merece vivir, volar, encontra

