La verdad es que esa noche no pude dormir. Pensaba y pensaba sobre nuestra conversación; además, estaba feliz y emocionada porque después, de dos largas semanas, al fin nos habíamos acercado de nuevo. Por la mañana me preparé ansiosa para ir a la universidad, me encontré a Roberto que me esperaba en la entrada principal. —¿Estás muy enfadada conmigo? —preguntó. Aún no nos habíamos visto ni hablado después de lo de Rafaela. —Sí, pero tienes suerte. También necesito a un amigo, así que tendré que perdonarte. Quiero contarte algo. Roberto dio saltitos, emocionado; lo tomé de la mano para llevarlo a un sitio más alejado donde pudiéramos conversar sin oídos inoportunos. No era buena idea que nos oyeran teniendo esta conversación. Cuando conseguimos un lugar, le comenté lo sucedido el día a

