Las cosas volvieron a la normalidad, o eso quise creer, o mejor dicho, hacerme creer a mí mismo. Cuando uno vive tantos años ocultándose de todo y de todos, cuando uno se pasa la vida tratando de esconder —hasta de sí mismo— aquello que siente, es más fácil fingir que todo está en orden. Incluso cuando es la primera vez que mi corazón sintió todo aquello, que mi mente me llevó a ilusionarme, a soñar que quizá, después de todo, había alguien que podría amarme, que a lo mejor también yo podía merecerlo. Me dolió enterarme de la verdad, y luego del golpe y la rabia, me sentí muy mal. Ámbar no actuó mal porque estaba enamorada del chico, lo hizo solo para ayudarlo. Me dijo que lo hubiera hecho también por mí. Me costaba entender este punto porque yo no tenía amigos que se arriesgaran por mí,

