CAPÍTULO DOCE Zoe apoyó el mentón sobre una mano, contemplando a César Díaz. A pesar de estar esposado y encadenado al escritorio en el que estaba sentado, se mostraba desafiante. Ese aspecto se veía arruinado, en cierto modo, por el sudor que traspasaba las axilas y el cuello de su camisa. La tenía arremangada para presumir sus tatuajes, que en su caso parecían estar por todos lados. Era uno de esos trucos que nos juega la mente. Una vez que notamos algo y llevamos nuestra atención a eso por primera vez, de pronto lo vemos en todos lados. Por supuesto que César Díaz tenía tatuajes, era m*****o de una pandilla y recién había salido de la cárcel. Zoe quitó los ojos de sus bíceps y los dirigió a su rostro; tenía el mentón inclinado diez grados, supuestamente queriendo indicar confianza en

