Un falso amor, urgentemente. La esperanza es lo único que pierdes al final. Los días faltantes para aquella cena del día que me dijo Diego, eran dos días, pasaron con rapidez, tanta que hubiera deseado que fuera menor. No estaba segura de que las cosas podrían ir peor, hasta que Diego tocó a mi puerta, la mañana del sábado, alrededor de las 10 de la mañana. El día de ayer había trabajado hasta tarde por lo cuál aún tenía sueño. Demasiado. Me levanté soltando un insulto entre dientes, arrastrando mis pies por el suelo frío de una mañana de octubre, para después llegar a la puerta, apenas abrí los ojos de Diego me miraron con incredulidad. —Estabas dormida…—señaló. Un poco apenado mientras aclaraba su garganta—, Eres demasiado dormilona. Murphy. —Es un sábado, son las diez de la mañan

