Amargura. Paso una semana. Una semana en la cual el desastre parecía estar ingresando con fuerza en mi vida, los días lluviosos aumentaban, día con día generando que en algunos de estos la luz se fuera, dejándome en un silencio devastador, noches largas en las cuales si quiera podía dormir. Los días eran largos, las noches aún más. Mis pensamientos me atormentaban de modo brutal, logrando que solo pudiera hacer más que sufrir y llorar noche tras noche. Las cosas, lastimosamente, en lugar de mejorar empeoraban, pasaron tres días de cuando lo vi besar a mamá en el parque, después acudí a mi cafetería favorita, donde se encontraba nuevamente ahí, besando a mi madre. Todos mis lugares favoritos el los tomaba, los lugares en los cuáles yo le pedía ir porque me gustaban, el los había tomad

