José María Desperté debido a los ronquidos de Marifer, quien estaba recostada sobre mí, envuelta en las sábanas blancas de la cama. Llevé mis manos a su cabello, apartándolo de su rostro, mientras deslizaba mi mano sobre su cuerpo, acariciando su espalda desnuda. Mí maldita erección se había despertado, pero ella estaba profundamente dormida. Estos días fueron increíbles, pero ya se habían acabado y debíamos volver a nuestra realidad. Estaba decidido a explicarle a Ben que su hermana era mi novia. Por supuesto que me aterraba su reacción y era consciente de que a partir de ahora no podría estar con ninguna otra mujer solo con ella. No estaba acostumbrado, pero valía la pena. No sabía cómo lo tomaría, pero ya estaba decidido. Antes de marcharnos, ordenamos la casa y la dejamos impecab

