Ignoro los gritos de Marifer y comienzo a lanzar todas las pertenencias de ese traidor al suelo. No lo quiero volver a ver en la vida y mucho menos soportaré tenerlo cerca de ella. Ya me rompió el corazón una vez cuando se metió con la única mujer que he amado, y ahora lo volvió a hacer. Fui un estúpido al creer en él otra vez. —Ya basta, Ben. —¡Cállate! —Jalé su brazo con toda mi fuerza y la adentré en el cuarto, luego la arrojé en la cama de un empujón. Antes de que ella pudiera salir, cerré la puerta de la habitación con seguro. —¡Ben, déjame salir! —Ella no deja de golpear la puerta. —Cállate, María Fernanda. Soy capaz de golpearte. Simplemente me senté al lado de la pared y dejé caer todas mis lágrimas. Me siento decepcionado, pero más que nada, enojado por ser la burla de mis

