Primer encuentro

1805 Words
Un nuevo día había llegado y gracias a Jeanniel aprendí muchísimas cosas sobre cómo ser la recepcionista. La emoción que sentía por haber adquirido nuevos conocimientos no me la quitaba nadie. No imaginaba que podía hacerlo. Me encontraba en el auto de mis padres, yendo de camino al trabajo ya que sería mi segundo día y estaba llena de entusiasmo porque me gustaba lo que tenía que hacer. Me distraía de los malos pensamientos. —¿Ya te topaste con Dante? Me habías dicho que trabaja ahí —cuestionó mamá, en el asiento del copiloto. —Eva, no deberías de hacerle esas preguntas. Ese desgraciado no tiene que volver a mencionarse —reprochó mi padre, él iba manejando. —Bueno ayer apareció en la recepción con su amante... —murmuré, decaída al recordarlo. —¡¿En serio se atrevió?! No puedo creer lo patán que es ese hombre. Sabía que no era bueno para ti, pero tarde o temprano tenemos que aprender de nuestros errores —soltó mi madre, girando el cuerpo hacia atrás para verme. —Todavía recuerdo cuando en su boda yo fui el único que dijo: yo me opongo —dijo papá, en tono burlón. Y así fue, me causó una sonrisa que haya mencionado eso porque cuando Dante y yo nos casamos, papá se opuso en medio de la boda, pero como nadie le prestó atención ya que sabían que le caía mal, simplemente lo sacaron del lugar a rastras. —Oh, cómo olvidarlo, todo el mundo te ignoró —se rió mamá. —Lo hice para ver si tenía suerte, igual avisé con anticipación de que me entrometería —definió el hombre, concentrado en la vía. —Ojalá les hubiera hecho caso a ambos... Siempre decían que Dante no era bueno para mí, pero tenía una venda en los ojos —expresé, en un suspiro. —Lo bueno es que te diste cuenta, no importa si pasaron diez años para que sucediera —indicó la mujer, comprimiendo una sonrisa hacia mí. —Ahora que lo mencionas... Acabo de recordar el día en que conocí a los hermanos Watson, aunque Eric era muy reservado... Fue en el tiempo que asistí a la universidad —comenté. Los recuerdos empezaron a llegar a mi mente como un flashback, a pesar de que no estuve mucho tiempo en la universidad porque decidí salirme: *** Estaba recién llegando al campus, era nueva por lo que desconocía el lugar. Caminé atravesando el montón de estudiantes aglomerados hasta llegar a una zona abierta en donde había un enorme árbol. Mi primera clase empezaba dentro de media hora, me daba el tiempo suficiente de revisar el panfleto que me dieron cuando me inscribí, era como un mapa de la universidad. Lo saqué de mi bolsillo para mirarlo mientras caminaba en dirección al árbol y poder sentarme, no entendía muy bien las señales dibujadas. No me di cuenta de que en el camino había una piedra y me tropecé de golpe, perdiendo el equilibrio y dejando que la hoja informativa saliera volando con el viento. Caí de frente, pero fui ágil para apoyarme con mis manos en el césped y no lastimarme el rostro. Carajo. El panfleto empezó a volar con el viento. Me quedé viéndolo anonada porque se alejaba de mi ubicación, hasta que una mano lo tomó. Abrí mis ojos, aún estaba tendida en el suelo por el shock. Se trataba de un joven, de cabello castaño y unos brillosos ojos que a lo lejos se veían verdes. Tenía puesto el uniforme que llevaban los de último año. Me miraba con seriedad, su melena se movía al compás del viento. Se acercó a mí y extendió su mano, la cual tardé en aceptar por la sorpresa. —¿Estás bien? —preguntó. —S-sí —balbuceé, estaba nerviosa por su atractivo—. Gracias por atraparlo. —Toma. Ten más cuidado —respondió, entregándome el panfleto. En ese momento estábamos frente a frente, yo lo miraba aún con asombro porque me di cuenta de que era muy alto, a penas le llegaba al pecho. Sus ojos eran un tanto inexpresivos, pero una ligera curva se formó en sus labios, dejándome hipnotizada. Iba a responderle, abrí la boca con esa intención hasta que una voz desconocida me interrumpió: —¡Eric, espérame! Apareció un chico más joven, pero con los mismos rasgos faciales, solo que su cabello era más corto y tenía ojos café. Le faltaba el aire como si hubiera corrido un maratón. —No entiendo por qué me dejas atrás si sabes que soy nuevo y me pierdo —masculló el más joven, enojado con el otro. —No soy tu niñera, Dante —resopló el tal Eric. Pero en eso, Dante me miró con sumo interés y no dudó en acercarse a mí con curiosidad por conocerme. Sus ojos estaban abiertos y llenos de audacia. —Oye, ¿también eres nueva? Llevamos el mismo uniforme —comentó. Sentí mi corazón latir con rapidez. Era un chico bastante guapo, su simple presencia logró estremecerme y hacer que perdiera el control de mi voz. —E-eh... S-sí —titubeé, me ardían las mejillas. —Los nuevos están en las mismas clases el primer semestre, creo que seremos compañeros —informó, con una amplia sonrisa—. Mucho gusto, mi nombre es Dante —extendió su mano hacia mí. —Yo... Soy X-Ximena —respondí, con la voz entre cortada. No sabía por qué mi corazón estaba latiendo muy rápido, y se puso peor en cuanto Dante juntó su mano con la mía en un simple estrechón. Me sentí extraña, pero al mismo tiempo emocionada por lo que me esperaba. —Ese malhumorado de ahí es Eric, mi hermano. Va a ayudarnos a conocer el campus ¿Te anotas? La primera clase empieza en media hora —propuso Dante, con ambas manos en la cintura. Parecía ser un joven bastante enérgico, en comparación a su hermano mayor quien nos veía cruzado de brazos y con el ceño fruncido, como si le molestáramos. —C-claro, si tu hermano no está en contra —expresé, apenada ante la mirada matadora de Eric. —Vamos —ordenó el más reservado, esperando que lo siguiéramos. No dudamos y eso hicimos. Me uní a su pequeño grupo, después de eso solíamos reunirnos en la cafetería para tomar el almuerzo juntos, aunque Dante era el más hablador y Eric no solía unirse a la conversación a menos que le preguntáramos algo. Simplemente se quedaba observándonos. *** Esa fue la época donde hice un clic inmediato con Dante, su simple carisma logró hipnotizarme, sobre todo lo extrovertido que era. Él también se enamoró de mí en ese entonces, o tal vez lo fingió... No sabía si de verdad hubo un punto en el que sintió amor por mí, o todo fue una gran mentira. No podía creer que olvidé ese encuentro, significaba que sí había interactuado con Eric en el pasado, solo que como no solía unirse mucho a nuestras conversaciones y se limitaba a observarnos, no lo recordaba... Mi memoria se estaba aflojando. Me preguntaba si Eric recordaba esa época, después de todo me dijo hace poco que me conocía más de lo que yo creía. ¿Había algo oculto en el pasado? Por más que intentara rebuscar escenas a solas con Eric en la universidad, no las recordaba. Tal vez suprimí esos recuerdos porque no los consideraba importantes. —Llegamos —La voz de mi padre me sacó de mis pensamientos. —Ah, de acuerdo. Aquí me bajo, nos vemos más tarde, los quiero —respondí, abriendo la puerta. —Que tengas buen día —expresó mamá, con una sonrisa. Me bajé del auto para caminar hasta la entrada del edificio, aún con los recuerdos activos en mi mente, buscando más respuestas sobre Eric, porque algo me decía que la razón por la que me ayudaba era mucho más profunda de lo que pensaba. Llegué temprano, al parecer no había más nadie porque tuve que abrir la puerta yo misma con las llaves que me dio Eric, ya que como era la recepcionista debía de llegar más temprano que los demás. Suspiré. Ya estaba todo listo para empezar mi jornada laboral, me preguntaba por qué Eric todavía no había llegado si era el jefe principal. Para mi sorpresa, el primero que vi en atravesar la puerta fue a Dante, quien me miraba con una expresión seria. —Buenos días, Ximena —habló, sin mucho ánimo. —Buen día Dante —Forcé una sonrisa—. Veo que hoy si deseas trabajar. Encendí la computadora para anotar su asistencia y a parte de eso rebusqué en el cajón la hoja que él debía firmar. —Sí, aunque tengo un poco de resaca —informó, con la palma en su cabeza. —Supongo que te divertiste mucho el día de ayer —mascullé, con sarcasmo. —Creo que eso ya no te incumbe ¿O todavía sientes algo por mí? —inquirió, parecía fastidiado con mis palabras. —¿Disculpa? Será mejor que solo llevemos la relación de trabajo y ya —aclaré, sintiéndome ofendida. En definitiva, ya hasta nuestra posible amistad estaba hecha trizas por su comportamiento ofensivo hacia mí. No nos llevaríamos bien nunca ni porque fuéramos colegas. Era increíble lo mucho que cambió el Dante que conocí a mis dieciocho años. Dos seres diferentes como un ángel y un demonio. O tal vez siempre fue el demonio, pero tardé en darme cuenta de eso. —Por fin dices algo en lo que estoy de acuerdo —expresó, alzando sus manos con drama—. Por cierto, no sé qué carajos te obligó a meterte en esta empresa, pero te advierto que no intentes acercarte a mi hermano —me amenazó con el dedo. Fruncí el ceño, ese hombre iba de mal en peor por seguir prohibiéndome cosas después del divorcio. —Creo que no te escuché bien —Fingí limpiar mi oído—. ¿No quieres que me acerque a tu hermano en qué sentido? —Sabes a lo que me refiero. Ni se te ocurra enamorarlo, Ximena —dijo, entre dientes. —¿Cuál sería el problema? —Me enojaré muchísimo si haces eso. Me da mala espina el hecho de que trabajes en la misma empresa que yo, obvio estás buscando dañarme con algo después de lo que te hice. Sé que veías muchas series sobre venganzas estúpidas —explicó, con molestia. —Lo que yo haga con mi vida ya no es tu problema, Dante. Ahora firma aquí y sube de una buena vez —lo regañé, entregándole el lapicero. Me hizo caso a regañadientes, aunque sentí que quiso decirme algo más, pero optó por firmar de mala gana y retirarse. Nos habíamos convertido en grandes enemigos.
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