Calidez

1901 Words
Me detuve en una esquina cuando me di cuenta que el pasillo no tenía final. Apoyé mis manos en mis rodillas y me encorvé lo suficiente para poder tomar el aire que le faltaba a mis pulmones debido al trote. Me había comportado como una mujer inmadura al salir huyendo de la escena, no esperaba que nadie viniera por mí y eso era mucho mejor ya que mis ojos no paraban de soltar lágrimas de impotencia. Dante era un imbécil. Tenía que olvidarlo a toda costa si quería cumplir mi venganza porque lo menos que él se esperaba era que yo me metiera con otro hombre, y mucho menos que fuera su hermano. Pero no importaba qué tanto intentara olvidar los lindos momentos que tuvimos, según mi punto de vista. La punzada no se iba y me carcomía el interior de la garganta, anhelando gritar y expulsar cada gota de dolor dentro de mí. —Ximena... —jadeó alguien, atrás de mí. Me giré rápidamente, esperando encontrar a... ¿Dante? No... Él no era, tenía que decirle a mi cabeza de una vez por todas que ya ese hombre no valía la pena. ¡Espabila, mujer! Deja de llorarle a un bueno para nada. Quien me había perseguido fue Eric. Se encontraba agitado porque estaba claro que también trotó para no perderme de vista y lograr alcanzarme, no esperaba que viniera por mí, ni en mis más profundos sueños. —¿E-Eric? ¿Por qué me seguiste? —balbuceé, con la voz ahogada gracias a mi propia saliva. Sequé con la manga de mi uniforme ambas mejillas para que no lo notara, pero olvidé que llevaba puesto algo de maquillaje que me delataría con facilidad. —Lamento lo que dije hace un rato... Sobre que Dante nunca te amó, solo quería ponerlo en su lugar —expresó, desviando los ojos con pena. —No te preocupes... De igual manera yo fui la que se enamoró perdidamente de él... —mencioné, en un suspiro de tristeza. Mis ojos se centraron en la pulcra cerámica del suelo, contemplando cómo brillaba con intensidad y casi se notaba mi reflejo en ella. Me puse a pensar cuántas mentiras me había dicho Dante. En primer lugar, ¿por qué se quiso casar conmigo? —Escucha, ya se fueron... Puedes regresar a la recepción. Le pedí que no volviera a traer a esa mujer —informó, acercándose a mi lugar. Por instinto retrocedí, logrando sentir el frío concreto de la pared que se encontraba detrás de mí. En ese momento Eric estiró su mano con preocupación y con la yema de sus dedos secó una lágrima que cayó de repente. —No te acerques... No deberías ayudarme —comenté, a la defensiva. Pero estaba rota por dentro. Eric me recordaba un poco al imbécil de Dante porque sus cabellos eran castaños y sus narices puntiagudas no se quedaban atrás. Sentí que él también podía hacerme daño y ya estaba cansada de eso. —Ximena... No te haré nada malo ¿Vale? Déjame ayudarte y reconstruir el corazón que mi hermano te destruyó —proclamó, decidido en su mirar. El suave tacto de su mano acariciando mi mejilla me hizo sentir unos extraños pero placenteros escalofríos. No sabía qué poder tenía ese hombre que sus palabras lograban hipnotizarme. —Ella es mucho más joven... —murmuré, sin mirarlo a los ojos. —Pero no es mejor que tú —afirmó. —No me conoces, no sabes que puedo llegar a ser una estúpida sin dignidad y una mujer inmadura y llorona —confesé, aguantando la presión en mi garganta por querer seguir llorando. Apreté mis labios con fuerza. Sabía que tenía que controlarme para no humillarme solita frente a Eric, quien parecía ser un buen hombre y bastante serio. Él hizo un movimiento rápido en donde me jaló del brazo para pegarme a su cuerpo, logrando que quedáramos abrazados y que mis ojos se abrieran por la sorpresa de tal acción. Me estaba abrazando. ¿Por qué? ¿No dijo que nada de enamorarse? —Creo que puedo decirte que te conozco más de lo que piensas, Xime... Solo que nunca tuvimos la oportunidad de interactuar —habló. Mi rostro quedó acurrucado bajo su cuello y sobre su pecho. Podía sentir cada latido de su corazón y eso me aceleraba el mío. Él no se mostraba tenso ni mucho menos nervioso como lo estaba yo. —Lo dices porque Dante te ha hablado de mí... —murmuré, cerrando los ojos para que la calidez me envolviera. —Es cierto, pero creo que a partir de ahora puedo conocerte realmente —recalcó, algo me decía que estaba sonriendo. —¿Por qué me abrazas? —pregunté, con las manos temblorosas apoyadas sobre su traje. —Un abrazo es reconfortante en los malos momentos. Estás mal por lo sucedido recientemente, creo que es lo mínimo que puedo hacer para ayudarte a sentirte menos sola —respondió, sonando intelectual. —¿Solo es eso? —indagué, mordiéndome el labio. Sentía que había algo más de por medio, pero obvio él no iba a soltármelo como si nada. Había una punzada en mi pecho que me daba una pizca de esperanza en que ese hombre sí podía sentir afecto, por algo me abrazó. Se separó, colocó ambas manos en mis hombros y me miró con las cejas inclinadas, decidido en todo lo que salía de su boca. —Sí, solo eso. Esa respuesta no me dejó satisfecha, al contrario, me hizo sentir un poco de tristeza y angustia por desear mucho más, sin saber la razón. —Está bien. Será mejor que vuelva al trabajo —resoplé, empezando a caminar. —Déjame acompañarte, te apuesto a que no sabes por dónde regresar —sugirió, alzando una ceja mientras caminaba a mi lado. Me señaló el frente con su cabeza, junto a una mirada burlona de su parte al ver mi estupefacción. Habían tres caminos diferentes, tres pasillos y yo no sabía por dónde carajos fue que entré. No me quedó de otra más que aceptar su ayuda, igual tampoco es como si quisiera alejarlo después de haber tenido ese pequeño y cálido encuentro que me dejó confundida. —¿Cómo resolviste las cosas con Dante? —pregunté, con las manos detrás de mi espalda. —Le di lo que quería, pidiéndole que se fuera y luego te seguí —respondió. —¿Le diste dinero? Creí oír que no es bueno pagando deudas si se trata de ti —recordé, mirándolo de reojo. —Y no te equivocas. Cuando vivías con Dante, ¿él no te solía decir que le pagaba poco? —preguntó. —Sí, pero pensé que era porque su trabajo es pequeño —afirmé, moviendo mis manos. —En eso te mintió. Ser mi secretario le generaría una buena suma de dinero si no tuviera tantas faltas e hiciera todo lo que le pido sin rechistar —resopló, llevando una mano a su sien. —Sabes, ahora que me separé de Dante, siento que estoy conociendo muchas partes de él que desconocía, y eso que pasamos tantos años juntos... —hablé, con la mirada decaída—. Es difícil pensar en que nunca terminas de conocer a alguien realmente, ¿no crees? —Lo que pasa es que te cegaste demasiado por las promesas vacías que te hacía, sin saber que luego él me decía lo ingenua que eras por creerle cada palabra que salía de su boca —soltó, con una forzada sonrisa de desagrado. —¿Qué? —espeté, incrédula—. ¡Pudiste haberme dicho! Me hubiera divorciado hace muchísimo tiempo, o incluso terminaba nuestro noviazgo si era antes. —¿Lo hubieras hecho? —cuestionó, dudando. —S-sí —balbuceé. —Ximena, amabas lo suficiente a Dante y la única manera de que decidieras separarte de él, era descubriendo su infidelidad. ¿O me vas a decir que mi hermano no te solía decir que hicieras más ejercicio o comieras menos? —comentó, con fastidio en su tono. —Tú... ¿Cómo sabes eso? —interrogué, en un hilo de voz. Era cierto lo que decía. Desde que subí un poco de peso, Dante empezó a criticarme, pero yo pensaba que lo hacía por mi bien, porque quería verme perfecta. Todo el tiempo creí que él me amaría por como era, pero ahora me di cuenta de que eso fue mi imaginación idolatrando a Dante para hacerme sentir bien a mí misma. —Puede que como hermanos nos llevemos fatal, pero él siempre ha sido muy lengua suelta cuando está aburrido en mi oficina —argumentó. —Sigo preguntándome por qué nunca me dijiste nada... —me quejé, en cuanto llegamos a la recepción. —¡Ximena! —exclamó Jeanniel, quien me veía angustiado—. ¿Estás bien? No me imagino lo horrible que fue para ti. —Estoy bien, solo necesitaba calmar mi ira, ya sabes —Forcé una sonrisa, mientras me adentraba en el espacio junto a él. —Ximena, supongo que hablamos luego —alegó Eric, acomodando su corbata. —Por supuesto, cuando quieras venir a verme, sabes que estaré aquí —dije, entre dientes y forzando una sonrisa. Me molestaba un poco que Eric haya sabido lo cruel que era Dante conmigo y nunca hizo nada para detenerlo y advertirme con tiempo para no tener que haber sufrido tanto. Aunque conociéndome, nunca le hubiera creído... Suspiré, estaba pensando demasiado. —Bueno, ¿retomamos las indicaciones que te di? Te dejaré lista para que mañana puedas hacerlo sola —habló el moreno, sacándome de mis pensamientos. —S-sí —titubeé, mirándolo. —Perfecto. No falta mucho, ya te expliqué lo básico. Aquí está el teléfono en donde puedes llamar a cualquier pilar importante del edificio —comentó, señalando el objeto—. Personas tipo los directores ejecutivos como yo, Eric, el personal de limpieza, el comedor, que por cierto suelen servir comidas divinas a toda hora. —Comprendo, supongo que lo haré para cuando lleguen suministros o algo por el estilo —respondí, acatando sus palabras. —Exacto, veo que aprendes rápido —me animó, palmeando mi hombro—. Si tienes alguna otra duda en los próximos días, no dudes en llamarme que vendré enseguida. —Entendido, señor —dije, con una risa pícara. —Me halagas, Ximena, pero te aviso que tengo una esposa a la cual amo y un hijo en camino —me guiñó un ojo. —No te estaba coqueteando —bromeé, eso me resultó gracioso, que llegara a conclusiones precipitadas—. Pero felicidades. Me imagino que es muy bonito tener una familia pequeña. Lo miré con ternura y una aflicción por recordar que estuve buscando durante meses un bebé con Dante, cosa que estaba siendo muy difícil ya que le detectaron esterilidad. —Bueno, lo digo por si las moscas. Igual sé que estás comprometida con Eric —recordó. —Aunque es un montaje todo eso, no es que estemos enamorados —resoplé. —¿Y si a futuro se enamoran? Pasar mucho tiempo con una misma persona suele hacer que surja la llama del amor —dijo, en tono burlón. Le di una leve palmada por lo que me hizo pensar. No creí que un hombre ajeno a Dante me caería bien. ¿Será que al fin podía tener amistades sin ser regañada?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD