Hoy las costureras no trabajarían debido a un problema con las cañerías, así que les había dado el día libre. Sin embargo, aún debía asegurarme de que todo estuviera en orden en el taller. Cuando llegué, la tranquilidad del lugar me envolvió, pero me puse a ordenar algunos hilos y telas que estaban fuera de lugar. Era un día más de trabajo, pero algo en el aire parecía más ligero. No tardó mucho en llegar Juan Diego, quien entró con su habitual aire relajado. Su presencia era inmediata, siempre tan seguro de sí mismo. —¿Acaso nunca trabajas? —le pregunté, levantando la vista y sonriendo levemente, sabiendo que la respuesta era probable que no fuera la que esperaba. —Vine a ayudarte a limpiar —respondió, acercándose con una sonrisa traviesa, mientras me agarraba de la cintura, levantándo

