La firma

1904 Words
JEREMY Llevé a Grace para la casa, quería que conociera al resto del personal que trabaja conmigo. Ya les había dicho que los quería a todos en la sala. Raro en mí hacer este tipo de reuniones, después de tantos años viviendo solo. Pero bueno, aquí estaba, metido en el papel. Lo malo no era eso... lo malo era que todo esto era puro cuento. Farsa. Yo no soy de esos que aparentan para impresionar, así que estaba rezando que no se me notara lo falso. Solo quería tener el valor de una vez por todas de soltar el pasado, dejar a Natalie donde debe estar y seguir con mi vida. Me había afectado más de lo que pude pensar. Pero creo que estaba haciendo lo correcto con este matrimonio arreglado. Grace no se miraba una mala chica. Tampoco era interesada, me lo demostró en el momento que le propuse el dinero, otra mujer en su lugar no hubiera pensado dos veces y aceptaba sin problemas. También no puedo negar que es una mujer muy hermosa, tampoco le hubiera dicho que viviera conmigo si no fuera guapa. * GRACE Apenas cruzamos la puerta, quedé viendo todo a mi alrededor. Esa mansión era una locura. Cada rincón brillaba puro lujo. Tapices, mármol, luces... Al instante pude ver como dieciocho empleados, todos vestidos igualitos. Solo sonreí como si nada, y ahí fue cuando Jeremy habló lo que para mi seria una sorpresa: —Les presento a Grace Wells... mi prometida. Desde ahora se nos va a unir. Todo estaba en completo Silencio. Las caras de los empleados era un chiste. Más confundidos que nunca. Y yo, pues, más desconcertada todavía. Si esta gente, que vive con él, no se lo esperaba… ¿con quién carajos me estoy metiendo? Definitivamente este hombre era una caja llena de sorpresas. Pero tenía eso que siempre me daba curiosidad de ver más allá. Jeremy dejó que el balde de agua fría hiciera efecto, y luego remató: —Grace se va a quedar a vivir aquí. Quiero que la traten bien. No quiero dramas ni quejas. ¿Está claro? Si me llego a dar cuenta que alguno de ustedes ni siquiera la trató con el debido respeto que merece, lo voy a correr y ni siquiera pida su liquidación porque no le daré un centavo. —¡Sí, señor! —gritaron todos en modo militar. Era obvio que le tenían mucho miedo. Y yo solo pensaba: Este hombre sabe hacerse respetar. Su voz tenía ese no sé qué que hace que la gente obedezca sin chistar. Luego los empleados se acercaron uno por uno a presentarse. Todo muy formal.le verdad me sentía muy extraña haciendo todo este tipo de espectáculos, pero era lo necesario para hacer parecer que nuestra relación era muy sólida. —Es un gusto conocerlos por fin. Ya sé que esto es trabajo para ustedes, pero igual, gracias por cuidar de mi prometido —les solté con una sonrisa, mirando a Jeremy con esa cara de complicidad.— ahora estoy más contenta de saber que voy a convivir con una gran familia— todos me quedaron viendo con caras de perdidos— porque ustedes para mi no son solo trabajadores, también los considero parte de esta familia— sus semblantes empezaron a suavizarse. —Estoy medio perdida con tantos nombres, pero ya me los iré aprendiendo. Denme chance —rematé con una sonrisa grande. Las sonrisas que me devolvieron fueron sinceras. Por lo menos, eso parecía. Me sentí bienvenida, lo cual ya era ganancia. No me hubiera gustado venir a una mansión en donde se me tratara mal y tampcoo con personas que son un dolor de cabeza. —Pueden volver a lo suyo —dijo Jeremy, y todos se dispersaron. Ya solos, me giré hacia él. Soprendida por cómo sus trabajadores obedecían al instante. —Bueno, eso fue… divertido —le dije con una risita que no sabía bien si era nerviosa o aliviada.— parece que vamos con el pie derecho con esta relación— el asintió. Colocó su mano en mi hombro haciendo nuevamente que mi cuerpo se estremeciera ante su tacto.— y bien, ¿Qué sigue?aa le pregunté quitando su mano. Quería concentrarme, con estas acciones lo único que hace es poner mi mente en blanco. —Vamos a mi estudio —me soltó, y me llevó a otra parte de la mansión.— necesitamos terminar algunos acuerdos. Cuando llegamos, me tiré en un sillón cómodo. Suspiré de lo cansada que me sentía. —¿Quieres algo de tomar? —me ofreció, señalando una botella de whisky.— ¿Con hielo o sin hielo?— añadió antes de tomarlos. Pero antes lo quise cortar, quizás me estaba confundiendo. —No, gracias. Yo no bebo. —Qué ironía. Pensé que si.— sonrió, pero no me gustó para nada el tono que lo hizo. —¿Ironía por qué? Ah, claro… por el bar. Mira, uno hace lo que tiene que hacer para sobrevivir, ¿sabes? No todos tenemos los privilegios que los ricos tienen. Nosotros los pobres tenemos que sobrevivir de una u otra forma— fruncí el ceño. Me había enojado. Yo no me dejaba de nadie, sin importar su estatus social. Él asintió. Parecía más relajado, incluso no dijo nada por un momento hasta que soltó: —¿Cuántos años tienes? —me preguntó de la nada, tomando un trago. Y yo: ¿Perdón? ¿Esa es la primera pregunta? —¿Y eso qué importa? —le dije, tratando de esquivar la pregunta.— creo que es algo irrelevante. Mejor pasemos a lo que nos corresponde.— le dije sin rodeos. —Quiero estar seguro de que no estoy metiéndome con una menor —tiró sin miedo. La sangre se me estaba calentando. ¡¿Qué?! Lo miré con ganas de lanzarle el whisky en la cara, pero me aguanté. No podía perder esta oportunidad por una estupidez. Ya había lidiado con idiotas antes. Trabajar en un bar te entrena para eso. Le sonreí como si no me hubiera afectado, pero por dentro quería hacerle lo peor. —Por favor… tu sabes bien que no soy menor. Si lo pensaras, no me habrías buscado. Estás curioso, eso es todo —le dije con una sonrisa tan falsa.— si quieres saber algo de mi, no andes con rodeos, una de las cosas que me gustan siemlre es la sinceridad y me gustan las cosas directas. ¿de acuerdo?— le dejé en claro. El asintió. * JEREMY La verdad, no me esperaba que me saliera con eso. Yo me considero un hombre inteligente, pero esa respuesta me agarró fuera de base. Esta mujer no solo demostraba que era inteligente, también me demostraba que no era una mujer sumisa. Era una mujer rebelde, a cómo me gustan. —Vamos, solo es un poco de curiosidad. No tiene nada de malo indagar un poco más acerca de mi prometida— ella frunció el ceño. Parecía que tenía algo en mente, sus labios se abrieron y rayos, como empezaba a desearlos: —Te contesto... pero con una condición. ¿Qué? ¿Ahora resulta que me va a poner reglas? Levanté la ceja como diciendo "¿De verdad?" Era la primera vez que experimentaba esto: yo no seguía las reglas de nadie, pero esta mujer se atrevía a darle órdenes al gran Jeremy Park. —A ver, suelta lo que tengas que decir —le dije medio seco. —Te digo cuántos años tengo, pero tú también me dices los tuyos. ¿Así o más directa? Me quedé pensando. ¿Le decía o no? A lo mejor salía corriendo si sabía cuántos tenía. Se notaba que ella no era de las que se fijan en hombres mayores, mínimo no por gusto. Pero luego pensé, ¿y a mí qué me importa? No estamos aquí para enamorarnos, es un acuerdo de seis meses y ya. Me da lo mismo si ella piensa que soy mayor para ella, solo es un lapso y luego cada quien por su camino. Intente hablar, pero ella se me adelantó y dijo: —Tengo 25 —me soltó de manera directa—. Pero tranquilo, no te sientas presionado en decirme la tuya. Total, esto es solo por contrato. Y madre mie… 25. ¿de verdad? Pensé que era mayor, pero ahora yo era el que estaba un poco confundido. Le llevaba quince años adelante, bien podrían decir que yo era su padre o su tío. Aunque tampoco me consideraba un hombre de mal porte. A mi edad sabía que muchas mujeres babean en cuanto me ven, la pregunta es: ¿ella también lo hace? No se por que estoy pensando estas cosas. Me cayó como balde de agua fria. ¿Iba a seguir en esto cuando supiera la verdad? Bueno, ya estaba aquí, eso ya decía algo. Odiaba la mentira más que nada, así que ni modo. A poner las cartas sobre la mesa. Si yo hablaba de ejemplos, tendría que darlo yo primero. —Yo…— intenté, pero dudé. Por primera vez me había quedado mudo. La garganta la tenía seca.— Yo tengo… —No pasa nada, si no quieres decirme —me interrumpió. Pero ya estaba decidido. —Mira, si vas a vivir conmigo seis meses, lo justo es que sepas con quién estás tratando. Acabo de cumplir cuarenta hace un par de semanas. No tengo pena de decirlo y si, ya se lo que vas a decir y es mejor que te ahorres todo eso antes de abrir la boca— me adelante porque sabía que vendría el discurso que siempre decían las personas cuando les confesaba eso. * GRACE ¿Cuarenta? ¿Y este hombre con esa cara y ese cuerpo? Parecía modelo de revista, no un tipo de cuarenta. Estaba como quería. Le quedaba el traje tan bien que ni parecía de este mundo. Tan solo de verlo se me hacía agua la boca. Sus bíceps, su pecho, su espalda en forma de “V” y ya no me imagino cómo debe de ser verlo sin camisa. Él a su edad le podía dar lecciones a cualquier chico de mi edad. Estaba a la justa medida. A cómo el doctor me lo había recetado. Me miraba como si se arrepintiera de decirlo, pero yo solo pude soltar: —¡No me digas! ¡Seguro que me quieres tomar del pelo! ¿verdad? No era solo lo bueno que estaba, era la vibra. Tranquilo, seguro, y todavía soltero. ¿Dónde habían estado escondiendo a estos hombres? —Ay, Grace, ¿qué rayos te pasa? —me dije por dentro mientras no podía dejar de verlo. Actúa como si nada para que no te impresione. Es mejor que se tome una impresión que lo ves como cualquier otro hombre. —Aquí está el contrato —me dijo, sacándome de mi trance. —Léelo si quieres. Verás que no hay ningún truco. Todo está claro y si tienes algo dudoso, por favor sólo pregúntamelo. Ni me lo pensé. Agarré la pluma, y sin dar más vueltas, firmé. No sé por qué, pero algo me decía que podía confiar en él. Además, aún tiene secretos que quiero descubrir. Aunque hay un dicho que dice que: La curiosidad mató al gato. No importa aún tengo siete vidas mas Jeremy tomó los papeles y dejó su firma...
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD