JEREMY
Salí de ese edificio con cara de pocos amigos, como si llevara una semana sin dormir. Me metí en el coche y, sin decir mucho, le solté al chofer: Vamos a casa. Apenas arrancamos, solté un suspiro que tenía atorado desde hace rato.
Cuando llegamos, me quedé viendo la mansión tan vacía y sin llena de vida. Grace tenía razón… a estas alturas debería estar casado, con hijos y todo ese rollo de los hombres que tienen mi edad, pero no, mi vida es un lío. Y para colmo, mi madre no deja de molestar con ese tema. Así que, ni modo, toca hacer lo que sea para quitármela de encima.
Subí a mi cuarto, me desvestí sin ganas y me metí a la regadera. El agua estaba caliente, pero ni eso me quitaba el estrés. Salí, me tiré en la cama con el pelo mojado y me puse a pensar. ¿Estaré haciendo las cosas bien? No sé… siento que esto se me está yendo de las manos.
Natalie todavía me ronda en la cabeza, y debería sacármela ya, pero, no es tan fácil. Solo espero que Grace se tome en serio la propuesta, porque ahora mismo, es la única que puede ayudarme a ponerle fin a este teatro. Cerré los ojos. Ya era la una de la mañana y mañana tengo que estar en la oficina temprano. Al menos ahí no me siento tan agobiado.
*
GRACE
Ni un poquito de sueño. Me quedé en la cama mirando el techo, dándole vueltas a todo lo que pasó más temprano en la sala. O sea, siempre he querido una vida hermosa y sin limites, nada de andar contando monedas, quiero lujo, viajes, ropa fina y ahora pum, se me aparece la oportunidad de la nada. Pero, ¿De verdad es buena idea?
¿Qué tal si se arma un desmadre? ¿Y si el tipo tiene novia y me meten en un lío? Aunque bueno… él no dijo nada de que tuviera alguien. Y si alguien llega a reclamar, pues que él se haga cargo, ¿no?
Estaba toda hecha un desastre. Esto se supone que debería ser un sueño hecho realidad, pero me tenía la cabeza mas confundida que al incio. El dinero que puso sobre la mesa es de esos que te hacen decir “sí” sin pestañear, pero también se notaba que andaba urgido. Intentaba hacerse el serio, el imperturbable, pero yo le vi la cara: necesitaba que dijera que sí, y rápido.
Pero vamos a ver… ¿cómo es que un tipo así sigue soltero? Algo raro hay. Igual y no es mi problema, pero pues uno tiene que saber en qué terreno se está metiendo. Además… hace tiempo que no salgo con un hombre. ¿Y por qué rayos estoy pensando en eso? ¡No es como que vaya a pasar algo! ¿O sí?
Ya me dolía la cabeza de tanto pensar. Me dije: Ya, Grace, cálmate. Cerré los ojos y traté de dormir un rato, que mañana quién sabe qué me espera.
*
JEREMY
Estaba en la oficina, clavado revisando unos papeles aburridísimos, cuando de repente suena el celular. Miro la pantalla... número desconocido. Dudé dos segundos, pero contesté.
—¿Bueno?
—¿Hola? Soy yo, Grace.
En cuanto escuché su voz, me enderecé. No sé por qué, pero me pegó algo en el pecho. Tenía esa voz tranquila, suavecita, como si se tratara de una chica inocente y eso me gustaba.
—Te llamo por lo de tu propuesta.
Yo no solté ni una palabra. La dejé hablar. No quería presionarla ni sonar como un desesperado, aunque la verdad, por dentro, ya estaba sudando frío.
—Lo estuve pensando toda la noche... y pues, va. Le entro. Lo haré.
Solté el aire en silencio, queria saltar de alegria como un adolescente. Por dentro, estaba más que agradecido.
—Voy a enviar por ti. El chofer te recoge en tu depa y te lleva a mi casa. Ahí firmamos el contrato.
—Va... entonces me alisto... espera, ¿y cuándo empiezo?
—Hoy. Te mudas hoy mismo. Así que empaca lo que necesites antes de que el coche llegue.
—¿¡Hoy!? ¡No inventes! Eso es yaaa —dijo con nervios.
Y pues sí, es entendible. Mudarse con un tipo que apenas conoces no es cualquier cosa. Traté de calmarla un poco:
—Llévate lo básico hoy. Lo demás lo recoges después, sin presión.
—Okay… entonces hablamos. Bye.
—Bye.
La llamada se cortó. Me quedé mirando el celular un momento. Luego marqué y le hablé al chofer: —Prepárate, hay que ir por alguien. —Después cancelé todo lo que tenía en la agenda. Le dije a mi asistente que hoy no cuenten conmigo. Tenía que estar en casa antes que Grace, organizar todo, avisar a los de la casa que ahora hay nueva integrante.
Agarré el contrato que yo mismo había impreso en la mañana. Lo enrollé y salí de la oficina sin mirar atrás.
*
GRACE
Rayos, no voy a mentir… antes de hacer esa llamada estaba con los nervios hechos nudo, parecía que me iba a explotar el pecho. Pero apenas colgué, sentí una paz… como si me hubiera quitado un gran peso de encima. ¡Fue tan fácil que grité como loca! Salté directo al clóset a empacar unas cuantas prendas. Ya me sentía millonaria, aunque todavía ni firmaba nada.
Lo primero que tiré a la maleta fue mi ropa interior más top. No es que alguien me la fuera a ver, pero al menos quiero darle la mejor impresión a este hombre desde el primer dia que esté con el, ¿sí o no? Gracias a la vida que justo ayer me fui de compras y arrasé con medias, calzones, ropa, zapatos... un armario completo.
Después de empacar como si me fuera a mudar a Dubái, me metí a la ducha. Quería salir fresca, como nueva. Cuando terminé, me paré frente al espejo con la toalla enrollada y me miré de arriba a abajo.
—Si voy a hacerle de prometida de un millonario, más me vale ir entrando en personaje —me dije.
Solté la toalla sin pena y empecé a untarme crema por todo el cuerpo. O sea, sí, me cuido, pero no soy de las que se embadurnan diario. Como no tenía novio ni nadie que me echara el ojo, no me esmeraba mucho con los detallitos que todas se hacen cuando están saliendo con alguien. He vivido sola desde siempre, así que eso de arreglarme por si acaso no iba conmigo… hasta ahora.
Me puse ese conjuntico n***o de encaje que tenía guardado para ocasiones especiales, unas gotitas de mi perfume caro y me puse el outfit: jeans ajustados rotos, blusita negra sin mangas y la chaqueta de cuero que siempre me hace sentir segura. Me maquillé tranquila, lo justo. Tacones negros. Miré al espejo y sonreí. Estaba lista.
Agarré mi bolso y justo en ese momento me cayó un poco de nostalgia: estaba dejando mi casa para irme a no sé dónde, con no sé quién. Tragué aire, profundo, y jalé la maleta. Ya no había vuelta atrás. Tocaba ser valiente y no dejar que las emociones me ganaran.
Apenas salí de mi cuarto y pisé la sala, alguien tocó la puerta. Me congelé.
¿Así que era ahora?
Caminé hasta la puerta con el corazón pateándome el pecho. Puse la mano en el pomo, dudé un segundo, y abrí. Ahí estaba: un señor trajeado, con toda la pinta de chofer. Tendría unos cincuenta, pero se mantenía bien, no voy a mentir.
—Buenos días, señorita. Mi jefe me envió a recogerla. ¿Está lista o quiere que espere un poquito más?
Yo me quedé fría. Nunca un hombre de esa edad me había hablado con tanto respeto. Si así empezaba el trato, capaz sí lo disfrutaba.
—No, ya estoy lista.
—Perfecto. ¿Le ayudo con la maleta?
—Claro, está ahí —le dije señalándola.
El señor entró, agarró la maleta como si no pesara nada, y me dejó sola. Miré mi sala una última vez. Cerré la puerta. Y ya.
Bajé del edificio y vi el tremendo coche que me esperaba. Una limusina negra. Quise hacer cara de sopresa, me daba pena, pero por dentro estaba gritando. El chofer me abrió la puerta y yo me monté con elegancia.
—Gracias —le dije, como toda una dama. Ya adentro, me animé a preguntarle:
—¿Cómo se llama usted?
—Maverick, señorita.
—Maverick… —repetí, para grabármelo bien.
Y arrancamos rumbo a lo desconocido.
Después de una hora, paramos frente a lo que solo puedo describir como una mansión sacada de novela. El chofer se bajó, otro tipo abrió mi puerta y yo, con el aire más diva del mundo, bajé de la limusina. Vi cómo Maverick cargaba mi maleta como todo un caballero. Respiré profundo.
*
JEREMY
Estaba en mi estudio dando vueltas como un loco. Decir que estaba tranquilo sería una mentira. Me sentia nervioso y solo podia oir el “Tic-tac” del reloj en la pared. Tenía un vaso de whisky en la mano, y ni eso me calmaba. ¿Por qué carajos estaba tan nervioso si Grace ya me había dado el sí? Algo dentro de mí decía que en cualquier momento podía salir corriendo y dejarme con todo el trabajo a medias.
Tragué el último sorbo, miré el reloj como si eso fuera a cambiar algo.
—Ya deberían estar aquí —murmuré, hablándole a nadie.
Y justo ahí, escuché el motor de un auto. Me asomé por la ventana y ahí estaba la limusina entrando. Respiré hondo, me acomodé la chaqueta, y salí.
*
GRACE
Desde la limusina vi a Jeremy saliendo de la mansión, todo formal con su traje n***o, como si no tuviera otra ropa. Me acerqué y el tipo me planta un beso en la mejilla. ¿Qué fue eso? Me dejó en shock. Su olor exquisito me llego a la nariz haciendo que hasta el ultimo pelo de mi cuerpo se erizara, sacudí mi cabeza para espantar todo esto que sentía. Calma, Calma… me dije una y otra vez.
—Pensé que ibas a echarte para atrás en el último minuto —me dijo bajito. Su aliento rozó mi oreja produciendo descargas eléctricas en mi cuerpo.
Y yo ni idea de qué decirle. Me agarró tan fuera de si, que me quedé muda.
¿Y eso por qué lo pensaría? ¿No se supone que ya estaba todo hablado? Yo soy una mujer de palabra.
—Vamos, te voy a presentar a mi gente —soltó después.
Yo solo asentí, sin saber bien qué cara poner, mientras él me rodeaba con la mano por la espalda y me guiaba hacia la entrada de la mansión. Sentía que estaba entrando a otro mundo.
Su toque era suave, pero a la vez con esa posesividad tan característica de el. Tampoco puedo negar que en el fondo me gustó. Quizás después de todo no sea una mala idea.