La chica del bar

1727 Words
JEREMY Había pasado todo el día pensando en lo que mi madre me había dicho. Recordar el pasado no estuvo bien para mi. De mi mente no salía la presión que sentía por mi familia de buscar una mujer y formar una familia. No conocía a nadie que me llamara la atención para hacer eso. No estaba preparado tampoco. Sabía que tenía que hacer algo para que mis padres me dejaran de molestar y se quedarán tranquilos. Si tan solo pudiera encontrar a una mujer que estuviera dispuesta a hacerse pasar por mi novia pero que mantuviera la boca cerrada y fuera discreta. ¿En donde la podría encontrar? Quizás en unos de eso bares que frecuentaba a aveces. Tal vez. Iría esta noche. Después de una larga jornada de trabajo me dirigí a casa. El celular sonaba y sonaba sin parar. Era mamá. No quería responder porque no quería que me diera sus sermones nuevamente. Me sentía muy cansado de esa situación. Cuando llegue a casa me quité el saco, pero el celular no dejaba de sonar. Me sentía mal por no responderle así que lo hice de una vez. —Dime, mamá. —¿Por qué no me contestabas, Jeremy? Siento que estás evadiéndome. —¿Qué? Para nada, mamá. Estaba en una reunión importante y estoy saliendo. —No me digas mentiras, Jeremy, supe por tu secretaria que no tuviste reuniones por la tarde y saliste temprano. Ahora mismo estás en tu casa. Espero. Suspiré. —Mamá, por favor, ya deja de vigilarme. —Me preocupas, cariño. —Ya he oído eso muchas veces y deja de decirme cariño que no soy un bebé, por Dios, madre, soy un adulto. —Y estás solo. —concluyó ella. —Yo estoy envejeciendo con los años y me siento mal de saber que estarás solo por el mundo, sin una mujer que te guíe en la oscuridad. Eso no es bueno, cariño —oí sus sollozos—Solo quiero dejarte en buenas manos, que tengas tus propios hijos y no estés solo en esa enorme casa. Si me voy a morir que sea en paz. —No te vas a morir en muchos años, mamá, así que no hay prisa. —Tu no sabes lo que puede pasar. Ya estoy vieja, Jeremy, el cuerpo actúa diferente. Por favor, solo promete que tratarás de salir con chicas. Quien sabe y alguna de ellas te interesa. Suspiré frustrado nuevamente. —Está bien, mamá. Lo prometo. —Gracias. Me dejas un poco más tranquila sabiendo que al menos lo vas a intentar. ¿Ya cenaste? ¿Le dijiste a Celeste que hiciera una cena saludable? Celeste es la cocinera. —Ella sabe lo que tiene que hacer mamá. —Si no fuera por Celeste y las muchachas que limpian estuvieras completamente solo allí. —murmura—Pero en fin, presiento que pronto encontrarás a alguien. Eso me consuela un poco. Por favor, ve a cenar y no duermas tarde. Si necesitas ayuda con las citas me dices, conozco a varias chicas lindas que se mueren por salir contigo. —Está bien, mamá. Ya me tengo que ir. —Cuídate, cariño. Mamá siempre me trataba como si fuera un niño o un adolescente que no sabe manejar su vida. Casi tengo cuarenta años y ella sigue en lo mismo. Tengo que hacer algo rápido para que deje de molestarte y pueda tener algo de paz al menos. Me metí a un sitio donde se conocían mujeres que estaban dispuestas a hacer cosas por dinero, pero me sentía mal estando allí. Y además, los rostros que miraba no me gustaban tanto. Tiene que ser la mujer perfecta para mi. Digna ante los ojos de mi madre. Celeste me sirvió la cena así que me senté en el comedor con la computadora al lado. —Puedes irte a casa, Celeste. Gracias. —Buenas noches, señor. Ahora si me había quedado solo en mi casa. En un momento me empezaron a llegar muchos mensajes de mujeres interesadas aunque ni siquiera había puesto mi foto ni mi nombre real. Ninguna me convencía. Cerré la laptop y terminé de cenar. Quería salir un rato para despejarme la mente, tomar un trago y distraerme un rato. Tomé el saco de nuevo y las llaves del coche, a ver qué me deparaba la noche. El bar al que solía ir estaba lleno. Me dirigí a la zona VIP y me senté. Las meseras vestidas muy sexis me atendieron, llevándome bebidas entre otras cosas. Había una mujer en el tubo, bailando sensualmente. Miré rostros y rostros, buscando a la mujer indicada. —Hola, guapo. —se me acerca una. —¿Quieres pasar una buena noche hoy? Estoy seguro de que te va a encantar. La mujer era alta y delgada, pero no me gustaba en absoluto. Quizás estaba buena para pasar una noche como ella dijo pero nada más. No valía la pena perder el tiempo. Me puse de pie y me acerqué al borde del balcón, donde veía a todos los demás bajo de mi bailando y tomando. Por instinto me fijé en la chica que estaba en la barra. Era guapo, cabello castaño que le llegaba casi a la cintura. Tenía una sonrisa dulce que puede hipnotizar a cualquiera. Sentí algo cuando la vi. Sentí que ella podría ser la mujer que estoy buscando. Bajé las escaleras y me dirigí cerca de la barra solo para observarla mejor. La chica no llevaba uniforme como las demás lo cual me pareció extraño. Ella les hablaba de manera cariñosa a los clientes que pedían bebidas. La mayoría eran viejos que salían de sus trabajos mediocres y que no querían llegar a casa. Algunos tenían cara de pervertidos pero la chica siempre los trataba bien. Se por que era: por la propina: gracias a su muy buena atención los hombres le dejan billetes de cien o de un dólar en su delantal o cerca de sus pechos. Me dio coraje cuando uno intentó tocarla pero ella no se dejó. Lo supo manejar bien sin que el hombre se sintiera rechazado. Es toda una procesional, pensé. Un grupo de chicos se acercaron y la saludaron. —Hola, Grace. Pensamos que era tu día libre hoy. —le dice uno. —Que hay, Pete. Estoy cubriendo a Sarah hoy. No se sentía bien. —¿Qué le pasa a Sarah? —Está un poco indispuesta. Mañana ella estará aquí y yo tendré mi noche libre. —¿Cómo van las propinas hoy? —Bien. Bastante bien diría yo. —sonrió satisfecha. Tenía cara de que le gustaba el dinero. Bastante. Era muy cariñosa y toda una experta en tratar a los hombres. Me pregunto que hace una belleza como ella trabajando en un bar como este. Supongo que sacándole provecho a esa belleza que tiene. Entre más veía a esa chica más me gustaba para mi plan. A ella le gustaba el dinero y yo podía pagarle mucho. Mucho más de lo que podría ganar en un mes en este bar. Ella siguió platicando con esos chicos. Más tarde salió de la barra para entregar bebidas a las mesas. Llevaba un vestido sexy muy corto que le acentuaba su figura. Tenía una cinturita pequeña, piernas largas y un escote bastante pronunciado. Era la mujer ideal para mi. No me gustaba cuando los hombres se querían propasar con ella, sin embargo, eso a ella no parecía molestarle. ¿Acaso le gustaba? La chica volvió a la barra con su tal amigo Pete y siguieron hablando. —Ese corte te queda bien. ¿Has hecho eso hoy? Me pareció que ayer no lo tenías. —Con las propinas de las noches anteriores quise darme un gusto y hacerme un cambio. ¿Quedó bien no? También me compré ropa y llené la nevera. —Me da gusto que te vaya bien. Te voy a extrañar mañana. —Vamos, Pete. Solo será una noche —le sonrió. Me sentía todo un acosador estando aquí, vigilando a la chica. Cuando dieron las doce de la noche la chica cambió con otra mujer: ella se iba. Dejé el trago en la barra y la seguí afuera. Mi chofer me estaba esperando del otro lado de la carretera. Me monté al auto y esperé que ella encontrara un taxi para seguirla. Tenía que hablar con ella de una buena vez. Cuando ella encontró su taxi le dije q mi chofer que la siguiera. La chica vivía en unos apartamento péquenos. Ella se bajó as que yo también. La seguí cuando subió las escaleras quedándome a una distancia considerada. Supe en que número de apartamento se adentro así que esperé un poco para poder buscarla. * GRACE La noche había estado pesada como siempre. Pero había resultado muy bien. Había conseguido más dinero del que había planeado conseguir. Es bueno obtener un dinero extra a parte del trabajo que hago. Dejé el bolso en el sofá y corrí a ponerme la pijama y quitarme el maquillaje. Tenía mucha hambre. Había dejado comprado una pizza para cuando viniera de trabajar. Siempre venía hambrienta. Me puse mis pantuflas y me dirigí a la cocina. Calenté la pizza y me dispuse a comer. Mientras cenaba puse una serie en la tablet. Así eran mis noches siempre: terminaba de trabajar y cenaba sola en casa. Buscaba algo interesante que ver y lo veía hasta que me daba sueño. Como no trabajaba de día podía despertar hasta cuando yo quisiera, luego me iba a hacer compras con el dinero que gane la noche anterior y así sucesivamente. Era un poco aburrido pero no me quejaba. A veces pensaba en una vida diferente, en tener a alguien haciéndome compañía pero para ser sincera nadie llegaba. Después de cenar me cepille los dientes y me lave la cara. Me sentía cansada, quería un masaje pero no me quedó de otra que hacérmelo yo misma. Estaba dispuesta a dormirme cuando alguien tocó la puerta. Es muy tarde, me pregunto quien será a esta hora. Supuse que sería Pete que venía por algo, quizás olvide algo en el bar. —Pete, ¿qué se te ha olvidado ahora? Abrí la puerta y me quedé estática al ver a la persona frente a mi. No es para nada Pete y el hombre parecía ser un hombre de dinero.
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