Escucho con atención cada palabra que emana del televisor, aunque la voz de la presentadora suena como si viniera desde el fondo de un pozo. Aún no se sabe con certeza quiénes son los responsables, dice, pero hay varios sospechosos involucrados en el asunto. La noticia se despliega con imágenes borrosas del cementerio, cintas amarillas ondeando al viento, y policías que caminan entre las tumbas con rostros tensos y miradas esquivas. —¿Ves? Problema —replicó mi abuela con una mezcla de resignación y certeza, como si acabara de confirmar algo que ya sabía desde antes. Inclino mi cuerpo hacia un lado, buscando verla mejor. Desde mi ángulo, la observo de perfil, de pie tras el mesón, batiendo con energía una mezcla espesa en un bol de cerámica. El sonido del batidor contra el recipiente se m

