Él se sobresalta al escuchar mi grito. El sonido se desliza como un látigo por el pasillo vacío, y su reacción no tarda: se detiene por completo, como si el tiempo se hubiese quebrado. Su rostro, el mismo que esta mañana parecía llevar un peso invisible, ahora luce distinto. Su expresión está más relajada, aunque por momentos se ve atravesada por un rastro de vergüenza mal disimulada. Aun con esa serenidad aparente, no logra esconder que ha intentado alterar su aspecto, como si en un cambio de rostro pudiera borrar la historia entre nosotros. El maquillaje sutil, la ropa distinta, el peinado más pulido... todo es una estrategia para confundir. Para evitar ser reconocido. Pero no funcionó. Algo me atrajo a él ya que hay una conexión que por más que he deseado que no hubiera entre nosotros..

