Observo con detenimiento la imagen y la descripción que la acompaña. Mis ojos se deslizan por cada trazo, cada palabra, cada sombra impresa en el papel amarillento, como si intentaran descifrar un código oculto entre líneas. Hay algo en esa combinación de símbolos y figuras que me provoca un escalofrío sutil pero persistente, una corriente helada que se desliza por mi columna vertebral y se expande como una telaraña invisible por todo mi cuerpo. Es una sensación que no puedo explicar del todo, como si algo dentro de mí reconociera un peligro antiguo, algo que no pertenece del todo a este mundo. La tensión se instala primero en mis hombros, luego en mi pecho, y finalmente en el aire mismo. El ambiente se vuelve denso, casi sólido, como si el tiempo se hubiera ralentizado y el espacio se hu

