Mientras ella hablaba con voz pausada y mirada firme, mi atención comenzó a desviarse, atrapada por algo que emergía entre sus manos con una solemnidad inquietante. No era solo un libro. Era una presencia. Una entidad encapsulada en tinta y cuero oscuro. Sabía que había encerrado la "mancha" de Alastor, pero siento que hay algo más ahí. Ella lo sostenía con delicadeza, como si reconociera que sus páginas eran más que papel. Era n***o, profundo, de un material que no reflejaba la luz sino que la absorbía, como si se alimentara de ella. Y sin embargo, la portada brillaba con un fulgor dorado, intenso, casi hipnótico. Los detalles estaban grabados con precisión mística: figuras geométricas imposibles, letras entrelazadas que no se leían, se sentían. Era el famoso "Libro Goemian". Un escalof

