La imagen de esos seres comienza a dibujarse en mi mente con una claridad casi dolorosa. Sus ojos brillan con un fulgor cruel, como si estuvieran hechos de fragmentos de estrellas rotas. Garras afiladas, extremidades imposibles, formas que desafían la lógica humana. No son solo monstruos. Son algo más. Algo que la imaginación apenas logra rozar. Algo que, pese a mi miedo, me provoca una curiosidad feroz. ¿Qué pasaría si Alastor, en medio de su locura, decidiera abrir las puertas de esa prisión sellada por generaciones? ¿Qué sucedería si esos horrores caminaran nuevamente entre nosotros, con sus pasos marcando el fin de nuestra tranquilidad? La sola posibilidad me sacude, como si el mundo pudiera cambiar en un suspiro. Y sin embargo, en mi pecho, además del terror... se enciende una chispa

