Aunque suene extraño... la voz de Alastor ya no me provoca esa sensación de inquietud que. Es curioso. Antes, su timbre reverberaba con una fuerza ineludible. Me mantenía alerta, tensa, midiendo cada palabra que pronunciaba como si fueran piedras lanzadas a un estanque que no debía agitarse. Había en él una presencia imponente. De esas que exigen respeto incluso antes de pronunciar su primer verbo. Pero ahora no. Algo ha cambiado. Su voz me calma. Me envuelve como una manta cálida que huele a recuerdos que no sabía que eran míos. Lo escucho, y una extraña paz se desliza por mi cuerpo. No es la ausencia de miedo. Es algo más profundo: es comprensión. -Abuela... -digo, pero las palabras no son exactamente mías-. Ya no estarás sola en este calvario. Cuéntame todo; a lo mejor eso te haga se

