-No los toques -había dicho con ese tono grave que solo usaba cuando hablaba de los muertos o de los libros que nunca debieron abrirse. Pero esas palabras no fueron suficiente. No cuando la inquietud ya se había instalado en mí como una semilla germinando en terreno fértil. ¿Qué tipo de peligro representaban? ¿Por qué mi abuela, siempre tan cautelosa con lo que no se puede explicar, ahora se arriesgaba a invocarlos? ¿Y por qué parecía que esos libros eran más una obsesión que una herramienta? Con un esfuerzo, logré calmar el pulso desbocado de mi corazón. Inspiré hondo, intentando reunir un poco de sensatez entre tanta ansiedad. Me acerqué despacio a ella, que ahora se encontraba en el centro del círculo, conteniendo la respiración como si cada palabra del conjuro dependiera de su equili

