Sin saber realmente quién es aliado y quién no, respiro hondo -tan profundo que me duele el pecho- en un intento de calmar el temblor que se ha instalado en mis manos. Mi cuerpo lo interpreta como una preparación para el combate, aunque mi mente sigue tropezando entre las preguntas sin respuesta. ¿Quién dice la verdad? ¿Quién juega con mentiras disfrazadas de protección? No hay forma de saberlo. Pero, aunque el miedo me abrume, aunque cada célula de mí quiera retroceder... sé que debo avanzar. Enfrentar a Alastor y todo lo que su mirada oscura y filosa representa. La tensión se estira como un hilo a punto de romperse. Abuela por momentos abre sus ojos con lentitud y delicadeza, como si fuera una pintura traviesa que no quiere que nos demos cuenta que nos observa. Veo a Alastor mover su m

