Ante la confirmación irrefutable que me mostró Zaza -ese video que no se detenía en mi cabeza-, no pude hacer más que suspirar con fuerza, tratando de calmar los latidos irregulares del corazón. Por un lado, me tranquilizaba saber que Dakota estaba viva, que había sobrevivido al accidente... pero por otro, la presencia de Alastor junto a ella me estremecía más que cualquier herida visible. No sabía qué significaba su proximidad, ni hasta dónde podría llegar esa criatura si decidía... tomarla. La imagen de él -sereno, oscuro, atento como una sombra vieja- junto a mi hija, me carcomía por dentro. ¿Qué buscaba? ¿Por qué ahora? Las horas pasaron lentamente. El tráfico, finalmente, comenzó a moverse con lentitud reverencial, como si el mundo mismo supiera que habíamos cruzado un umbral invisi

