POV Dakota El cuarto que me dio la abuela tiene una energía extraña. No es exactamente mío, pero tampoco ajeno. Las paredes están cubiertas de un papel tapiz antiguo, con motivos florales que parecen marchitos por el tiempo. Hay una lámpara de mesa con pantalla de tela que tiñe todo de un tono ámbar cuando la enciendo, como si el pasado se filtrara por la luz. Me siento encerrada, sí, pero no por las paredes, sino por la ausencia. Por el silencio que se ha instalado desde que mamá y Azaquiel dejaron de responder. Intento llamarlos otra vez. El teléfono vibra en mi mano, pero no hay respuesta. Ni siquiera el tono de llamada. Solo ese vacío digital que me dice que no están disponibles. Miro la pantalla, esperando que aparezca alguna notificación, algún mensaje, algo que me indique que está

