POV Fátima Una vez que Dakota se marchó, el silencio pareció tragarse la casa. Me quedé de pie en el portón, inmóvil, observando hacia la nada como si la respuesta a todo esto pudiera revelarse en el horizonte pálido. El atardecer dejaba una bruma rojiza suspendida en el aire, densa como el peso que ahora sentía en el pecho. No supe cuánto tiempo estuve allí, aferrándome a la reja metálica con los dedos fríos, intentando procesar todo lo que acababa de suceder. Cada palabra, cada gesto, cada sombra que Dakota había arrastrado consigo, se repetía en mi mente como un eco que no cesaba. Los horrores que creí enterrados bajo capas de normalidad... estaban regresando. Lo sentía en los huesos, en la manera en que el viento parecía susurrar secretos antiguos por entre los árboles. -¿Mamá? La

