Al cerrar los ojos, el mundo exterior comienza a desvanecerse lentamente, como si alguien hubiera atenuado el volumen de la realidad. Sin embargo, en medio de ese intento por dejarme caer en el descanso que tanto anhelo, comienzan a colarse unos murmullos extraños, difusos, casi imperceptibles, como si el viento susurrara palabras en un idioma que no termino de comprender. Al principio, los ignoro. Me convenzo de que son producto del cansancio o tal vez ecos de pensamientos mal cerrados, pero hay algo en ellos, un persistente que no me permite relajarme por completo. Intento darme la vuelta en la cama, cubrirme más con las sábanas, calmar mi respiración, pero esas voces-o lo que sea-no se desvanecen. Al contrario, se hacen más nítidas con cada segundo que pasa, como si alguien estuviera g

