Fátima hizo pausa, apretando su mandíbula con tanta fuerza que un músculo saltó en su mejilla: —Patético. Ambos somos patéticos porque me incluyo. Emir la miró durante momento largo, con expresión compleja que mezclaba rabia, deseo, culpa y algo más que ninguno de los dos quería nombrar. Algo que se parecía inquietantemente a desesperación, a necesidad que iba mucho más allá de lo físico. Finalmente, con movimiento que fue casi brusco, sacó sus dedos de dentro de ella. La sensación de pérdida súbita hizo que Fátima jadeara, con su cuerpo protestando la ausencia incluso mientras su mente gritaba alivio. Lo empujó con ambas manos contra su pecho, apartándolo con violencia que era más sobre apartarse a sí misma que a él. —Aaaah, maldición —siseó Fátima apretando su mandíbula mientras se

