—Pero bueno, cuenta —insistió Samir, con su curiosidad superando temporalmente su dolor por la traición—. ¿En dónde fueron esos encuentros? ¿En... casa cuando yo no estaba? Emir negó con la cabeza: —Cuando iba a hacer tareas con ella y tú estabas con Shelly —explicó, con memorias de esos encuentros secretos reproduciendo en su mente con claridad dolorosa—. Lo hacíamos en el apartamento que le regaló la madre de Fátima en aquel entonces. Allí eran nuestros encuentros. —Oh, claro —dijo Samir, procesando aquello mientras asentía con la cabeza lentamente. Las piezas comenzaban a encajar en su mente. Todas esas veces que Emir había dicho que iba a "estudiar con Fátima" y regresaba con esa expresión satisfecha que Samir había atribuido a haber ganado algún debate académico. Todas esas excusa

