«Concéntrate» —se ordenó firmemente—. «Solo trabajo. Nada más que trabajo.» Estaba tan absorta en los cálculos de ingeniería hidráulica que casi no escuchó el ping de su email. Pero cuando lo hizo, cuando vio el nombre "James Whitfield" en su bandeja de entrada, algo en su pecho se contrajo con mezcla de culpa y anticipación. Abrió el correo con manos que temblaban ligeramente, y ahí estaba: "Aquí tienes, mi corazoncito, hice lo que me pediste. Espero que te esté yendo bien." Había dos archivos adjuntos: un documento de texto con la transcripción de la conversación, y un archivo de audio marcado como "Conversación_Madre.mp3" Fátima sintió algo parecido a alivio mezclado con más culpa. Porque aquí estaba James, cumpliendo exactamente lo que le había pedido, siendo el novio obediente qu

