James tragó saliva audiblemente. Fátima lo notó, pero Hassan probablemente también. —Baba, te llamamos porque James tiene algo que decirte —intervino Fátima rápidamente, intentando suavizar la tensión que siempre existía entre estos dos hombres. —¿Ah, sí? —Hassan se recostó ligeramente en su silla de cuero, con sus dedos entrelazándose sobre su regazo en una postura que aparentaba relajación pero que Fátima reconocía como su modo de evaluación—. Te escucho, James. James se aclaró la garganta, y Fátima pudo ver cómo su nuez de Adán subía y bajaba nerviosamente. —Señor Al-Rashid, quería informarle personalmente que he decidido acompañar a Fátima a Dubai —dijo, con su voz sonando más formal de lo habitual—. Entiendo que ella estará trabajando en un proyecto importante allá, y como su prom

