Betsy, sentada en el sofá con expresión de cansancio absoluto, sostenía una taza de té mientras observaba la rabieta de su hermana mayor. —Judith, por favor cálmate... —¡NO ME VOY A CALMAR! —Judith tomó otro objeto decorativo, lista para lanzarlo—. ¡Esa árabe manipuladora lo tiene hechizado! ¡Pero James me borró su número para que no la llamara! ¡Voy a hablarle a las autoridades ahora mismo la culparé a ella de haberme drogado Y LA METERÉ PRESAAAAA! —No vas a hacer nada —interrumpió Betsy con firmeza—.¡Si haces eso, perderás a James para siempre. Él ama a esa mujer y no puedes hacer nada Judith!. Ya James no es un niño. Tiene treinta años y si esa es la mujer a quien él ama, no puedes hacer nada. —Esa asquerosa árabe lo único que quiere es el prestigio de la familia Whitfield, más nada

