—Si. A Hassan. Lo siento pero... el señor se ve bien intimidante. El señor no, mi suegro jeje. Si por videollamada se veía así todo... amenazante que se deja en vivo. Fátima sintió algo suavizarse en su pecho. James se veía tierno y hoy no le caía tan mal. —Mi padre tiene cara de amargado, así como yo. Esto es de familia. Pero es todo un amor. Yo le he dicho a él que tu me quieres, por lo tanto, te va a amar —dijo, acercándose y tomando su rostro entre sus manos. —¿Sí? ¿Enserio no me va a... mandar al desierto para cumplir una penitencia por no venir antes?—preguntó James, con sus ojos azules buscando los de ella. —Claro que no por Dios —confirmó Fátima, dándole un beso suave en los labios—. Relájate. Todo estará bien. En ese momento, James la abrazó, enterrando su rostro en su cuel

