Ramsés palideció visiblemente. —Y Manasés —continuó Salma, claramente disfrutando esto—, sé perfectamente que sacaste un siete en tu último examen de matemáticas y le dijiste a mamá que fue un nueve. Encontré el examen real en la basura cuando estaba buscando mi pulsera. Manasés abrió la boca para protestar, pero no salió ningún sonido. —Y tú, Ibrahim —Salma se volvió hacia el hijo de Hassan con una sonrisa que era pura victoria—, ¿le diré a Hassan que vi cómo mirabas a esa chica en el centro comercial la semana pasada? Ya sabes, la que llevaba jeans ajustados y no tenía hijab. Te quedaste mirándola como tonto durante cinco minutos completos. Muy islámico de tu parte. Ibrahim se puso rojo como un tomate maduro. —Ves —dijo Ramsés, con resignación en su voz—. Por eso estábamos tan felic

