«Está hermosa la muy maldita» —pensó antes de poder detener ese pensamiento—. «Que te pasa, contrólate» Fátima miraba por la ventana. Pero su mente no estaba en los edificios. Estaba reproduciendo la reunión una y otra vez, cada crítica de Emir, cada momento en que había tenido que defenderse, cada segundo en que había sentido como si estuviera de vuelta en la secundaria compitiendo por calificaciones y validación. «Nada ha cambiado. El idiota… me hizo quedar mal como en aquella exposición de la segunda guerra mundial» —pensó con amargura. El silencio se extendió durante varios minutos más. Cinco minutos. Siete. Diez. «Está muy callada» Y entonces, Emir decidió que era momento de lanzar otra flecha. Porque si iban a estar incómodos, si esto iba a ser un infierno, entonces él se asegur

