Mientras tanto, del otro lado de la ciudad... Emir conducía su Ferrari rojo por las calles de Dubai con Marissa en el asiento del pasajero. El silencio entre ellos era diferente del que compartía con Fátima, no estaba cargado de tensión s3xual, sino de algo más incómodo, más distante. Marissa hablaba y hablaba y Emir ni le hacía caso. En su mente tenía a Fátima y su cara de amargada. ―En fin, después te daré los detalles de esa modista que hace vestidos de novia hermosos. Emir se detuvo frente al edificio donde Marissa vivía, un complejo residencial lujoso pero no ostentoso en Business Bay. Puso el auto en la entrada, pero no apagó el motor, dejando claro que esto era despedida rápida. ―Llegamos. ―Se hizo corto el viaje mi amor. ―Si... ―Bueno, espero que te no te aburras mucho en l

