La voz de Salomón continuó, adoptando ese tono que usaba cuando estaba a punto de revelar algo importante pero que quería mantener casual en la superficie: —Necesito que vengas a casa a cenar esta noche. Emir frunció el ceño ligeramente. Miró su reloj Rolex: 6:07 PM. —¿Esta noche? —repitió, calculando mentalmente si tenía otros compromisos—. ¿Es urgente? Tengo algunos documentos que revisar y... —Sí, es urgente —interrumpió Salomón con firmeza que no admitía discusión—. Nina te espera. Quiere verte. Dice que hace días que no hablas con ella apropiadamente. Desde que Fátima vino. Emir sintió una punzada de culpa ante eso. Era verdad. Había estado tan absorto en el proyecto, en Fátima, en este desastre que era su vida en este momento, que había descuidado un poco a su hermana mayor. Nin

