Cinco minutos antes... Ibrahim se escabulló hacia los jardines con misión clara. En su bolsillo llevaba un ratón blanco que había comprado junto con los chicos en una la tienda de mascotas. No era ratón cualquiera: era particularmente grande y gordo, con pelaje brillante y ojos rosados. Lo había estado entrenando secretamente en estas ultimas horas. Mientras Leila guiaba a James por los senderos iluminados, señalando rosas y jazmines con hospitalidad educada, Ibrahim se movía en las sombras como fantasma. Se había cambiado rápidamente, quitándose su thobe blanco y poniéndose ropa oscura. Negr0 sobre negr0, perfecto para misión nocturna. Los gemelos Al-Sharif, Manasés y Ramsés, observaban todo desde sus dispositivos. —¿Lo ves? —susurró Manasés, ajustando su audífono discreto. —Sí —resp

