El teléfono de Emir sonaba con insistencia sobre la mesa de noche, vibrando contra la superficie de madera con ritmo que era imposible de ignorar. La pantalla iluminaba con el nombre "Salomón Al-Sharif" parpadeando en letras grandes. Pero Emir estaba más que concentrado en otra cosa completamente diferente. Estaba concentrado en embestir a Fátima con toda la fuerza que había acumulado durante días de tensión no resuelta. Sus caderas se movían con velocidad brutal, con sus músculos tensándose y relajándose en ritmo que era pura necesidad primitiva. El sudor corría por su espalda, por sus sienes, goteando sobre el cuerpo debajo de él. Sus manos sostenían las caderas de Fátima con firmeza que definitivamente dejaría moretones, con sus dedos clavándose en su carne mientras la mantenía exact

