—Eso espero, gatita —respondió con tono que era tanto advertencia como expectativa. Luego añadió con voz que se volvió más oscura, más cargada con peso de objetivos de largo plazo: —Debo destruir a Salomón Al-Sharif. Y tú eres pieza clave en ese plan. No puedes fallar. Marissa sintió cómo esas palabras se asentaban en su pecho como piedras. Porque ese era el verdadero objetivo, ¿no? No solo casarse con Emir por amor o estatus. Sino infiltrarse en familia Al-Sharif, ganar su confianza, y luego usar esa posición para destruirlos desde dentro. —Y lo harás —prometió con voz que era determinación férrea. Sus ojos se movieron nuevamente hacia la fotografía de Emir y Fátima, con rabia comenzando a reemplazar el shock inicial: —Ya sabes que cuentas conmigo. Siempre has contado conmigo. Veré.

