Porque su cerebro no cooperaba. No cuando cada pensamiento, cada memoria, cada fragmento de la noche anterior se reproducía en bucle constante que la hacía querer gritar de vergüenza. Había pasado día de terror absoluto. Despertando con resaca que era tanto física como emocional. Recordando gradualmente, dolorosamente, cada confesión embriagada que había hecho. Cada verdad que había revelado. Cada defensa que había destruido en momentos de honestidad inducida por alcohol. Y luego había llegado el pánico. El pánico de saber que Emir sabía ahora. Que sabía que lo amaba. Que sabía que cerraba los ojos y pensaba en él cuando estaba con James. Que sabía sobre su problema con el alcohol que había estado escondiendo tan cuidadosamente. Había tratado de sumergirse en trabajo, de enfocar su cere

