—¡Pero esto no puede ser posible, Emir! —exclamó Fátima con voz que subió histéricamente, con sus manos moviéndose para gesticular su desesperación creciente. Se puso de pie abruptamente, necesitando moverse, necesitando crear distancia entre ellos porque su proximidad hacía imposible pensar claramente: —¡La boda y ahora un bebé? ¡No, esto ya... ha escalado muy lejos! Emir permaneció sentado, observándola con calma que contrastaba completamente con su agitación. Sus ojos la siguieron mientras caminaba de un lado a otro, con pequeña sonrisa todavía jugando en sus labios: —Sí, súper lejos —concordó con tono que era acuerdo superficial. Hizo una pausa deliberada, permitiendo que tensión se construyera antes de añadir con voz más baja, más cargada: —¿Te imaginas que estés embarazada con

