Eran las 5:47 PM cuando Fátima guardó el último archivo y cerró su laptop con clic decisivo que resonó en el silencio tenso de la oficina. Se puso de pie con movimientos que intentaban ser profesionales pero que revelaban su agotamiento emocional en cada gesto. Caminó hacia el escritorio de Emir con pasos medidos, con su espalda perfectamente recta en ese intento de mantener algo de dignidad después del día más horrible de su vida. Se detuvo frente a él, esperando a que levantara la vista de su pantalla. Emir finalmente alzó los ojos, encontrándose con su mirada que estaba cuidadosamente neutral pero que no podía ocultar completamente el cansancio, la frustración, el dolor que burbujeaba justo debajo de la superficie. —Ya terminé —dijo Fátima con voz que salió más plana de lo pretendido

